30.11.09

El cuerpo



Siempre decimos: cuando alguien muere es solamente el cuerpo el que muere; pero también tenemos que hacernos esta pregunta: ¿qué es el cuerpo?

Probablemente hoy podamos servirnos de estas lúcidas palabras de Jean Klein. Están en su libro “La sencillez de Ser”.

“¿Qué es el cuerpo? El cuerpo es un pensamiento, una invención de la mente. Cuando miras al cielo, ¿dónde está el hombre? ¿Hay un hombre? Hay sólo visión del cielo. Sin el pensamiento de ser un hombre, no hay hombre. Tienes la idea de un cuerpo, pero en realidad este cuerpo no existe. El cuerpo, el hombre, son formas del pensar.

No eres tú el que te despiertas por la mañana. Es la idea de un cuerpo la que despierta en ti. ¿Qué hay antes de que el cuerpo despierte? ¡Eso es lo que tú eres!”



En la foto, atardecer junto a un río. En el mes de marzo.

26.11.09

Ofrecer



Tres meses antes de morir mi madre, encontrándose ya muy enferma, en una conversación que mantuve con ella, una conversación larga, intensa y maravillosa, una conversación que tuve la suerte de grabar en vídeo porque ella me lo pidió, hay un momento en el que le pregunto: “Mamá, ¿tú por quién ofreces todo este sufrimiento?” “Por la Paz, por la Paz del Mundo y por la Paz de todos vosotros, de vuestros hijos”, me respondió llorando. Este pasaje aparece en el DVD que acompaña al libro “Hermana Muerte (Gracias por venir a visitarme)”.

Recuerdo que un día en una de las presentaciones públicas de este libro, justo al acabar la proyección de la película, una persona me preguntó: “¿Por qué le preguntas a tu madre que por quién ofrece su sufrimiento? Esa pregunta no la entiendo. El sufrimiento es sufrimiento y ya está. No tiene que ser ofrecido por nadie”.

Respeto la opinión de esa persona, pero mi pensamiento y sobre todo mi sentimiento son muy diferentes. Ni que decir tiene que en ese momento no le hablé en profundidad, entre otras cosas porque lo podía interpretar como que le quería convencer de algo.

Quien ofrece su sufrimiento entiende que el dolor, la pena y el desconsuelo nunca son individuales, más bien forman parte de una delicada balanza donde todas las cosas se compensan y se equilibran. Es algo parecido a una Justicia Universal ejercida de forma natural, una justicia que funciona como resonante, un diapasón que sincroniza y ensambla los corazones de todos los seres humanos. Es una ley similar a la misma ley de fuerzas que equilibra el movimiento de los átomos dentro del cuerpo y la misma que equilibra el movimiento de los planetas y de los astros en todo el Cosmos.

Todo lo que es injusto resuena a la vez en todas las Almas, al igual que todo lo que es justo. No hay algo separado del resto. El Todo es lo único real.

Cuando una persona comprende que puede poner su dolor en manos de la Divinidad, es como si de repente descubriera un tesoro. Si esa persona tiene su dolor condensado en forma de odio enquistado, al ofrecer ese dolor deja de guardar rencor y en ese instante se hace libre. Y aún hay algo más, al ofrecer ese dolor, en ese preciso y precioso instante, lo convierte en “útil”, en contraposición al dolor “sordo” vivido para dentro, en soledad.

Por mucho dolor que uno tenga, si lo ofrece, lo puede convertir en una ofrenda de Luz permanente. Hay muchas Almas de las que nadie se acuerda, ellas necesitan ese dolor para purificarse. Estas Almas pueden estar encarnadas o desencarnadas, da igual.

Una Única Alma une a toda la humanidad, por lo tanto una comunicación maravillosa, invisible y permanente nos conecta a todos. Un Único Cuerpo de Luz nos hermana intrínsecamente. No es necesario que profesemos ninguna fe, no son necesarias las imágenes y los símbolos; lo único que hemos de saber es que, si queremos, nunca ningún sufrimiento será en vano.

Quien ofrece su dolor está dando la vida por los demás.

Imaginad por un momento que en la gran Escala de la Vida y en algo parecido a eso que llamamos Ley de Compensación Universal, que alguien ofrezca con plena consciencia su última enfermedad y el momento de su muerte, ¿no tiene eso ya de por sí un inmenso valor?


Ofrecer la enfermedad.

Ofrecer las lágrimas.

Ofrecer la soledad.


Y ofrecer también el placer.

Ofrecer la alegría.

Ofrecer la riqueza material y espiritual.


Ofrecer el Amor.



En la foto, atardecer de un día del mes pasado.


23.11.09

Morir es estar muriendo



Algunos de los que lean estas líneas se identificarán con ellas.

Sí, morir es estar muriendo, morir es percibir intensamente y comprobar que las energías del presente nos piden que dejemos ir de una vez todo lo que ya no vale.

En algunos momentos nos podemos sentir como que no formamos parte del Mundo.

Estamos despidiéndonos de todo lo viejo.

Hay muchas cosas que se están descomponiendo, por dentro y por fuera.

En algún momento podemos sentir que ya no queda nada de aquel ‘nosotros’ que conocimos…y de esto no se deduce que estemos viviendo trastornos de la personalidad o una extraña mutación que haga que no conozcamos a nadie.

Hay ratos que parece que hemos ido a pasar una temporada en el infierno, sin embargo estos episodios son muy breves y muy intensos, pasan rápido.

Hay signos claros de que estamos ya metidos de lleno en un nuevo cambio dimensional.


Algunos verán luces.

Algunos verán figuras moviéndose por el rabillo del ojo.

Algunos escucharán voces.

Muchos sentirán que las cosas se están disolviendo.


Todo esto son signos, no de que nos estamos volviendo locos, sino de que nos estamos empezando a mover en diferentes dimensiones.


A ratos podemos tener la sensación de estar siendo vaciados.

A ratos podemos sentir un cansancio extremo.

Y la fuerte sensación de tener nuevas compañías.




Dedicado a varios amigos que ahora mismo están viviendo un delicado tránsito.


En la imagen, estrella de diez puntas.

19.11.09

Juicios



Existe una terapia desarrollada por Robert Detzler llamada T.R.E. (Terapia de Respuesta Espiritual). Se trata de un meticuloso proceso de investigación en los archivos del subconsciente y del Alma con el fin de descubrir y deshacer bloqueos ocultos que permanentemente influyen en nuestra salud y en nuestra evolución humana y espiritual.

La mayoría de nosotros pensamos que la sanación ocurre a través de la medicina, y hasta cierto punto es verdad. Sin embargo, la gran curación y la curación permanente se logra a través de la afinación del Espíritu y reconociéndonos como seres espirituales. Cuando una persona se reconoce constitutivamente como lo que es, como un Ser Espiritual, casi nunca enferma, incluso aunque muera de cáncer sigue sin estar enfermo, porque la energía de la que dispone transforma todos los elementos de la propia enfermedad hacia el polo positivo.

Cuando se limpia un programa, cuando se deshace un bloqueo, se está literalmente borrando el patrón de energía negativa de los registros del subconsciente y del Alma. La Terapia de Respuesta Espiritual no solo limpia vidas pasadas, es también sumamente valiosa para eliminar las energías negativas que se acumulan en las actividades e interacciones del día a día. Es especialmente importante limpiarse del juzgarse a sí mismo y el juzgar a los demás. Cuando se establece una energía de juicio es muy difícil eliminarla del Alma. Podemos pasar años perdonando a alguien y aún tener energía negativa relativa al juicio que originalmente hicimos sobre esa persona. Mucha gente amontona juicios sin darse cuenta de que la energía negativa los persigue día a día, año tras año y seguramente vida tras vida; estos juicios están escritos en el Alma y permanecen allí hasta que son borrados. Cuando una persona que fallece tiene su Alma atestada de juicios, ¿podemos imaginar el trabajo de ‘limpieza’ que necesita ser realizado cuando ese ser accede a esa Nueva Dimensión?



En la foto vemos tres chopos otoñados en un cielo cruzado de señales. Hace un mes.



13.11.09

Dos médicos



-“Las capacidades paranormales de los moribundos sugieren la existencia de un Espíritu Inmortal que trasciende el tiempo y el espacio”.

(Doctor Michael Schroter-Kundhardt)


-“Yo era un médico pediatra de cuidados intensivos arrogante y con un prejuicio emocional contra todo lo que fuese espiritual, hasta que comencé a trabajar en profundidad con niños moribundos. Hoy puedo afirmar que hay algo Divino que le sirve de aglutinante al Universo”.

(Doctor Melvin Morse)



En la foto, mediodía de un día de otoño. Hace quince días.


8.11.09

Campo energético



“Hace unos años hice un viaje a Italia. Con otras personas visité varias ciudades. Un día fuimos a Padua. Cuando estaba delante del cuerpo de San Antonio, San Antonio de Padua, sentí algo fortísimo; sentí una vibración muy grande que atravesó todo mi cuerpo. Me revolví por entero. Me puse a temblar. Me ahogaba. Entré en un verdadero estado de trance. Yo me preguntaba interiormente: ¿Pero qué es esto que me está pasando? Supe que no era sugestión, supe también que no era algo inducido por mi parte.

Eso que me ocurrió aquel día lo entendí al cabo de varios años. Comprendí que mi campo energético actual y el de ese ser que llamamos San Antonio de Padua son el mismo, eso no quiere decir que disponga yo de él en exclusiva, ni mucho menos. Eso que me ocurrió, unido a años de observación con mis pacientes -hace treinta años que ejerzo la sanación- me hace decir que lo que se reencarna no es la persona ni la personalidad con su memoria y todo eso; lo que se reencarna, lo que se repite en el tiempo, casi como un patrón calcado, es ese campo energético, esa frecuencia. Yo la puedo sentir aquí ahora mismo. También he podido entrar en contacto con el campo vibratorio de Buda, de Jesús, de Confucio, de San Juan de la Cruz, de muchos más… Lo que te estoy contando ahora no pertenece exclusivamente al terreno religioso y de la mística, pertenece ya al campo de la física, la física cuántica está hablando ahora de todo esto…”


Contado por el Padre Simón de la Flor en un encuentro personal. Octubre 2009.


En la imagen, estructura Metatrón.

4.11.09

Mal olor



Hace algo más de dos años todos los periódicos en España se alimentaron durante días de la siguiente noticia: Carmen y Manuel. Esposos octogenarios. Ella era una persona impedida que dependía completamente de la ayuda de su marido. Manuel sufre un infarto y muere. Carmen queda sola, acompañada por el cuerpo de su marido y por su propia impotencia, sin medio físico de comunicar con nadie, aunque también es muy posible que no tuviera a nadie con quien comunicar. Ella acabó muriendo de inanición.

Transcurre un mes y nadie se preocupa por esas dos vidas; tuvo que ser el hedor pestilente, un olor insoportable que llegaba a decenas de metros de su casa, el que dio la voz de alarma. Lo que no pudo el infarto, lo que no pudo la inanición de esa mujer, lo que no pudo la falta de observación y la ausencia de cuidado de los vecinos, lo consiguió el olor, el mal olor, ese olor que no se aguanta, ese olor que no se soporta.

¿Quién se ocupa de los viejos? ¿Quién mira por ellos? ¿Cómo hemos llegado a establecer la convivencia para que lleguen a ocurrir cosas de este tipo?

En un estudio reciente sobre el stress y los estragos que éste provoca en el organismo, se ha llegado a la conclusión de que el ser humano no ha conseguido adaptarse al ritmo de vida de las ciudades; durante años lo hemos intentado pero no lo hemos conseguido. Ahora toca buscar otros caminos. Y cambiar de aires.



En la foto, una megalópolis moderna.