6.4.09

Las manos vacías



“Mi hermano fue un día a tomar un tren y se cayó a las vías. Fue golpeado brutalmente por todo tipo de hierros hasta que al final una de las ruedas le dio de lleno en la frente provocándole lo que parecía una muerte irremediable. Tuvo una salida del cuerpo. Lo que luego pudo ver fue una veloz película que pasaba a toda velocidad delante de sus ojos, sus ojos internos: desfilaron sus hijos, su mujer, muchos acontecimientos de su vida. Mi hermano se miró entonces las manos y comprobó que las tenía vacías; justo en ese momento comprendió que su vida estaba carente de sentido ¿Y cómo es que veía que su vida estaba vacía cuando desde siempre él era una persona que ayudaba a todo el mundo? De que era una magnífica persona daban fe sus familiares, amigos y todos los que le conocían, siempre dispuesto a prestar ayuda, siempre servicial, siempre entregado… ¡Una buena persona! Dice mi hermano que en esos momentos pudo ver una gran cifra, una cifra con muchos números, una cifra compuesta por muchos ceros, donde el número uno que figuraba a la izquierda estaba mal escrito y casi borrado, por lo que la cifra real eran todos ceros. Entonces escuchó una voz interior que le decía: “Todo lo que has hecho lo has hecho pensando únicamente en ti mismo, no en los demás…”.

Han pasado quince años desde entonces. Mi hermano no murió. Sobrevivió al accidente y se recuperó. Su vida cambió. A todos nos ha contado la experiencia una vez tras otra, al mismo tiempo que nos advertía que detrás de un trabajo abnegado, detrás de una labor filantrópica, detrás de la caridad, detrás de la aparente bondad, detrás del servicio y de la entrega sin reservas, se puede esconder un ego cargado de orgullo y de soberbia. Ha sido una gran lección para todos nosotros. Le estamos muy agradecidos”. 

 

Contado por Mercedes, hermana de José Vicente,  el 2 de abril de 2009, al término de una charla-coloquio en el hospital Padre Jofre de Valencia.

 

Este apunte está dedicado a C.F., que hoy cumple años.

 

En la foto, una delicada flor encontrada junto a una vieja carretera. Hace cuatro años.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

En las últimas horas tres personas se han mostrado muy interesadas en conocer cómo el cerebro fabrica imágenes. A continuación dejo un texto-resumen de esas contestaciones por si puede ayudar:

"Me preguntas cómo detener la producción de imágenes; creo que te cuestionas algo realmente muy importante.

Lo primero de todo observa cómo piensas, observa sin miedo el ruido de tus propios pensamientos, hazlo primero durante un minuto, luego durante una hora, luego a lo largo de un día entero, míralo casi como un espectáculo externo a ti. Cuando observes detenidamente tus pensamientos te darás cuenta de que entre pensamiento y pensamiento hay un intervalo, un silencio. Eso es meditación. En ese intervalo, en ese silencio, se esconde Algo que no está en la esfera del tiempo ni del espacio. Ese algo no es Pensamiento. Ese Algo no se puede aprehender. Eso no es Memoria, tampoco es deseo. Ese algo es Sagrado. Ese Algo irá ocupando cada vez más espacio en tu vida, hasta poder ocuparlo casi por entero.

Observar nuestro proceso de pensamiento nos hace conocernos más que ninguna otra cosa en la vida. Para poner en práctica esa observación del pensamiento verás que necesitas una gran energía. No dispondrás de esa energía si tienes problemas que te la están robando. Eso hará que te tengas que ‘eliminar’ sin falta todos los problemas antes de ponerte a esta ‘apasionante’ tarea.

Nosotros no somos el cuerpo. Tampoco somos la mente ni el pensamiento. Te lo explico: nosotros actuamos en el mundo y pensamos que somos esa misma actuación, pero no es así. Lo que ocurre es esto: que la fuerza vital que somos, en pensamientos y palabras, la mente en definitiva, es el principio que actúa. Cuando percibas esto que te estoy diciendo regresa de nuevo a ese intervalo y a ese silencio y verás tu esencia: somos la conciencia que mira. Eso es lo Trascendente que está mirando; es el Dios que presencia esa fuerza vital y esa mente que están actuando. Dios no interfiere. Es solamente la presencia que observa.

Creo que comprender esto es de vital importancia.

La razón de nuestra infelicidad es debido a que pensamos que somos nosotros los que actuamos, porque seguimos creyendo que es a nosotros a los que nos suceden las cosas.

Muchos fracasan en la meditación, y es sencillamente porque están obsesionados con lograr un estado. Fracasan al comprobar que estaban buscando lo que ya son. Antes que lograr un estado determinado es bueno caer en la cuenta de lo que somos. Si somos Dios no tenemos que buscar a Dios. Siempre seremos Eso, hagamos lo que hagamos y estemos donde estemos.


Un abrazo.
Raúl.

Anónimo dijo...

me ha hecho pensar. gracias.

carmen

Anónimo dijo...

Dos casos. Dos casos cercanos a través de los cuales podemos comprobar que el ego puede estar escondido debajo de la alfombrilla donde colocamos los pies cuando nos bajamos de la cama….(por decir algo).

EL PRIMERO: Tengo una amiga que ha viajado muchas veces a la india; en los últimos años cada vez que va está un mes más o menos. Esos viajes a la india son para ella muy importantes, suponen una inmersión a pleno pulmón, sin bombona de oxígeno, en las amplísimas aguas del espíritu. Hace ya un tiempo conoció a una mujer de otro país que actualmente reside en la india. Esta persona presenta una alta evolución espiritual. Le contaba esta mujer a mi amiga que el año pasado, un día, se dio cuenta de que tenía ya perfecto dominio y conocimiento de todos sus chacras –sus centros energéticos- y vio llegado el momento de poner fin a su vida, no mediante un suicidio sino a través de eso que se llama muerte espiritual, que es más o menos morir cuando a uno le da la gana. Se tumbó debajo de un árbol en el patio de casa y se dispuso a partir con total calma y sosiego. Al poco entró un chico joven en la casa para decirle que tal maestro o gurú preguntaba por ella –‘justo ahora en este momento’- debió de pensar. Fue a ver al maestro y éste le dijo: ¿Tú que estabas haciendo? “Pues estaba…estaba”. Ni se te ocurra”, le dijo “Ni se te ocurra… ¿No ves que por más dominio y por más maestría que tengas, eso también es ego? Tú pensaste que por dominar tus chacras ya era llegado tu momento, pero ¿de qué momento estamos hablando? Siempre es ese momento. No tienes que buscar algo especial para perfeccionar tu estado. No tienes que morir para ser más de lo que eres. Permanece en tu ser, así, de esa manera. Nada más”.

EL SEGUNDO: Un empresario de toda la vida, envuelto durante años en los asuntos propios de la empresa, y suspirando por cultivar su vida espiritual, vio llegado el momento de dejar el negocio en manos de los hijos y dedicarse por fin a desarrollar todo ese mundo que tan insistentemente le llamaba. Dejó la empresa y se dedicó durante un tiempo a realizar una profundísima inmersión en el amplísimo mundo del espíritu . El resultado fue que al cabo de un tiempo cayó bajo las redes de una profunda depresión, a la vez de ser visitado también por una tremenda tristeza y un salvaje desaliento. Un amigo ‘que entendía un poco de estas cosas’ le visitó en ese estado y le advirtió: “A veces el mundo que tenemos es el mundo más adecuado para nuestra evolución, aunque no lo parezca. Si de la noche a la mañana te hubieras convertido en eso que se llama un ‘maestro espiritual’ –que yo personalmente no sé muy bien lo que es- no habría quién te aguantara. Vuelve a tu sitio, permanece en él, no te preocupes de más. Lo que tengas que hacer lo harás. Aunque en realidad no tienes que hacer nada…”

Raúl.

jg riobò dijo...

La vida pasa por tu lado y la observas pasar.