30.4.09

La verdad desnuda


Quien tiene miedo a morir no es nuestro cuerpo, es nuestro ego, porque el ego es quien de verdad tiene ‘algo que perder’, dado que basa su actividad en la confusión, en la maquinación y en la ocultación. Curiosamente el temor a morir es a causa de perder el control sobre las cosas, un control ejercido muchas veces a través de mentiras y falsedades.

Tras la muerte ya no podremos ocultar nada a nadie. Al ser trasvasados a otra dimensión, nuestra aura, nuestro espectro energético, contará su historia completa, su verdad desnuda, a las claras, sin trampas, sin necesidad de interpretar ningún contenido, ninguna imagen, ninguna palabra, porque eso que ocurre se lleva a cabo sin imágenes, sin palabras, sin contenido mental. Eso que somos no se podrá no ver.

Ya en vida somos invitados a lograr esa transparencia. Ese es el reto del vivir, esa es la apuesta de estar en la vida. Cuanto más avanzamos en esa transparencia más orden y claridad se instauran a nuestro alrededor, y si la transparencia llegase a ser completa, veríamos que la vida adquiere un brillo inigualable, ese que todos alguna vez hemos visto.

 

 

En la foto, una preciosa hoja contorneada por luz de primavera. Uno de estos días.

3 comentarios:

Wing dijo...

Alguien que viva en la mentira debe sufrir mucho.

Anónimo dijo...

Vivir en la mentira es sufrimiento. Es infierno.

Raúl.

Anónimo dijo...

Pasamos gran parte de nuestro tiempo ocultándonos tras distintos tipos de máscaras:
Buscamos la seguridad a través del dinero y del poder.
Nos sentimos superiores a otros enorgulleciéndonos de nuestra clase social, de nuestro nivel económico, del color de nuestra piel, de la belleza de nuestros cuerpos, e incluso de nuestra identificación sexual.
Escondemos nuestros pesamientos más recónditos y algunos de nuestros actos al conocimiento y la vista de los demás.

Sin embargo, preferimos no pensar que en los momentos próximos a la muerte, todas estas máscaras desaparecerán a la fuerza y el espejo de las apariencias volará en mil pedazos.
En el momento de la muerte, la belleza o el color de la piel, ya no serán motivo de orgullo, pues el cuerpo físico ya no se tiene. Y todos los bienes que poseamos, tendremos que abandonarlos, dejándonos seguramente un sabor a remordimiento si durante nuestro periplo terrestre nos hemos sentido atados y hemos sido prisioneros de ellos.

La única belleza que aparecerá tras la muerte, ya no tendrá nada que ver con el cuerpo, sino con el Espíritu. Y lo que pasará a un primer plano, serán las dos cualidades que le atañen directamente: El Amor que hayamos sentido hacia los demás a pesar de sus defectos y el Conocimiento que hayamos aplicado correctamente para hacer el bien.

Este será el equipaje que nos llevaremos de esta vida, que en términos de contabilidad, será nuestro haber, nuestra ganancia y nuestra riqueza.
Sería bueno que pensáramos de vez en cuando que la única riqueza que nos llevaremos de nuestro paso por la tierra, es la que aquí regalemos.