30.4.09

La verdad desnuda


Quien tiene miedo a morir no es nuestro cuerpo, es nuestro ego, porque el ego es quien de verdad tiene ‘algo que perder’, dado que basa su actividad en la confusión, en la maquinación y en la ocultación. Curiosamente el temor a morir es a causa de perder el control sobre las cosas, un control ejercido muchas veces a través de mentiras y falsedades.

Tras la muerte ya no podremos ocultar nada a nadie. Al ser trasvasados a otra dimensión, nuestra aura, nuestro espectro energético, contará su historia completa, su verdad desnuda, a las claras, sin trampas, sin necesidad de interpretar ningún contenido, ninguna imagen, ninguna palabra, porque eso que ocurre se lleva a cabo sin imágenes, sin palabras, sin contenido mental. Eso que somos no se podrá no ver.

Ya en vida somos invitados a lograr esa transparencia. Ese es el reto del vivir, esa es la apuesta de estar en la vida. Cuanto más avanzamos en esa transparencia más orden y claridad se instauran a nuestro alrededor, y si la transparencia llegase a ser completa, veríamos que la vida adquiere un brillo inigualable, ese que todos alguna vez hemos visto.

 

 

En la foto, una preciosa hoja contorneada por luz de primavera. Uno de estos días.

27.4.09

El perdón



Sin perdón no hay evolución.

Perdonar cuando estamos vivos. Perdonar antes de morir. Perdonar siempre.

No perdonar de forma inconsciente y rápida, como a veces hacemos, que más que perdonar parece que queremos quitarnos el problema de encima, ese que genera la culpa.

Hay veces que da la sensación de que hemos perdonado y en realidad no lo hemos hecho.

Al perdonar nos quitamos a nosotros mismos los grilletes de la esclavitud. Al perdonar nos hacemos libres.

Cuando perdonamos comenzamos a navegar en el mar del Amor.

Si vivimos sin perdonar, que por lo menos nos podamos perdonar por no perdonar.

 

 

En la foto, una radiante flor que vive estos días en el jardín de la casa de un amigo.

24.4.09

Agradecer



Si hubiera una oración del que va a morir esa sería la del agradecimiento. Qué poco agradecidos somos los seres humanos, casi siempre estamos exigiendo; qué extraño se nos hace caer en la cuenta de todo lo que nos ha sido dado: nuestro cuerpo, la tierra, el cielo, los seres que nos acompañan, los pájaros, los animales, las dificultades si es que las hay… Y el mayor regalo de todos: estar en el proceso de aprender a contemplar nuestro Ser, convertidos poco a poco en auscultadores de nuestra propia Alma.



A Blanca Salinas, que hoy cumple años.


En la foto, nacimiento del río Mundo.


23.4.09

Un sueño



Hoy he tenido un sueño. No ha sido un sueño en mitad de la noche. Ha sido al amanecer, justo en el momento en el que me despertaba. Lo apunto según viene: “Los seres humanos, habitantes del planeta tierra, estamos aún sometidos a las leyes del karma, es decir a las leyes de la muerte y del nacimiento. La nueva humanidad que está irrumpiendo tendrá otras leyes, el karma será eliminado de nuestras vidas y podremos cambiar de cuerpo como quien se quita un traje y se pone otro nuevo”.

 

Al amanecer del 18 de abril de 2009.

 

En la foto, el valle de Villeza, León.

20.4.09

La vida no se puede cambiar



Una de las mayores frustraciones de los que van a morir es que te cuenten, desalentados, que han intentado por todos los medios cambiar la vida. Por cambiar la vida se entiende cambiar a las personas, a las cosas, las circunstancias, los sucesos. Eso es siempre una decepción porque la vida no se puede cambiar.

Cuando verdaderamente cambia la vida es cuando aumenta nuestra comprensión de la propia vida. Si en nuestro interior cambiamos, todo cambia.

Por lo tanto el orden de prioridades puede ser el siguiente: primero atender a nuestra transformación interior para que luego en el exterior todo encuentre su sitio.

 

 

Este apunte está dedicado a Isabel Irigoyen y a su azul mirada transparente, esperanzada.

 

En la foto, detalle de una puerta trasera en Tenzuela, Segovia.

16.4.09

Una vida de provecho


Lo que ahora voy a contar ha marcado una época muy importante en la vida de una persona. Para no desvelar su verdadero nombre lo llamaremos Juan.

Juan era un empresario con éxito que sin embargo se sentía vacío interiormente. Cuando estaba a punto de cumplir cincuenta años sufrió un infarto y se vio obligado a cambiar radicalmente de vida. “O hago ahora lo que siento que tengo que hacer o no lo haré nunca”, se dijo. En la larga convalecencia de su enfermedad se dio cuenta de que en su vida había muchas zonas de sombra, por eso antes de plantearse qué camino tomar sintió la necesidad de sanar ciertas zonas oscuras. “Si muero, no quiero morir con toda esta ponzoña en el corazón”… se escuchó decir a sí mismo. Así que hizo las maletas. Durante tres meses visitó a todas aquellas personas con las que había tenido algún tipo de roce en su vida; visitó a todos y cada uno, casa por casa. Habló con todos aquellos que habían supuesto una sombra en su vida y él en la de ellos, fue puerta por puerta para volver a ver de cerca el rostro de esas personas y limpiar y sanar la rabia, el rencor, el desamor, los celos, la pena, la infamia, la tristeza, la traición, el desconsuelo, el deseo de venganza, el poder ejercido de forma turbia… También habló a su manera con los que habían ya fallecido.

Revestido con el traje de la humildad fue pidiendo perdón, llorando y dando abrazos; también otros le pidieron perdón, lloraron con él y lo abrazaron. Esa extraordinaria cura le predispuso para poder iniciar el camino de su despertar interior. Eso en sí mismo ya es un despertar interior.

Descubrió a los amigos, no los que surgen de una amistad fácil, sino aquellos que llegan a serlo a pesar de los aguaceros, los huracanes y los terremotos.

Lo mismo que Juan, cualquiera de nosotros puede optar por el camino de la sanación y de la restitución.

Admiro a esta persona por haber decidido ponerse manos a la obra y limpiar su pasado de esta manera.

Gracias Juan. Nos sirves de ejemplo.

 

 

En la foto, mi hijo pequeño monta en la bicicleta; detrás de él van las sombras de cuatro paseantes, uno de ellos con sombrilla para protegerse del sol.

14.4.09

El dolor y su pozo profundo


 

-Yo era muy feliz hasta que de repente aquella mañana se nubló mi vista y me caí al suelo… Ahora mismo siento que soy una inválida ¡Yo estaba tan bien y de pronto todo se vino abajo…!

-Es solamente tu cuerpo el que está mal. Tú esencia no ha sido tocada por ese accidente vascular. Nada se ha venido abajo. No te quedes con las palabras, desembarázate de ellas.

-Mi esencia también está tocada porque no encuentro sentido a lo que me pasa ¿Qué hago yo todavía viviendo?

-Esa pregunta nos la podemos hacer todos siempre, pero no hay respuesta. Intentamos darle un sentido a todo, pero no hay tal sentido, ese sentido que creemos hallar es algo que simplemente fabrica nuestra mente. Todo lo que proyectamos son evasivas, evasivas para escapar de nuestro Ser Real.

-Pero cuando eres joven y estás bien tienes ganas de hacer cosas, te pones metas.

-No hay ninguna meta, eso es otra ilusión de nuestra mente. La actividad que realizamos nos mantiene en un estado de excitación, pero eso es nada; lo que hacemos siempre es escapar; a veces escapamos dedicándonos a tareas nobles y elevadas, pero se trata también de otro escape. La prueba de que escapamos es que siempre hay algo que nos devuelve a nuestro sitio: una enfermedad, un accidente, un desengaño  ¿Tú ahora mismo encuentras consuelo en algo?

-No tengo ningún  consuelo.

-¿Ni en la religión? Tú eres creyente.

-Ahora mismo, si te digo la verdad, no creo en nada.

-O sea que solamente creías cuando estabas bien.

-Sí.

-Cuando piensas en la muerte ¿cómo la ves?

-Como algo muy triste. Destrucción. El final de todo.

-Te has identificado toda la vida con tu cuerpo y ahora que el cuerpo no responde, te hundes. Pensamos que el cuerpo va a vivir siempre y no es así. Pero hay algo que trasciende el cuerpo. Párate a mirarlo, muy de cerca. Verás que está ahí. Eso está ahí antes de que tú nacieras y seguirá estando después de que tu cuerpo haya muerto.

 

(La mujer con la que estoy conversando rompe a llorar, ese llanto dura varios minutos).

 

-No me digas que no es una pena todas estas lágrimas…

-No son ninguna pena, al contrario, es una alegría que lo puedas expresar. Peor sería si ni siquiera brotaran esas lágrimas.

-Es muy duro lo que me está pasando.

-Araceli, escucha, ahora tu cuerpo está transitando por este estado, pero esa esencia que brilla, lo que tú eres, pasa por encima de todas las cosas sin ser afectada. No somos nosotros a quienes nos suceden las cosas, somos los que observamos todo lo que sucede.

-¿Cómo puedo estar mejor?

-Liberándote de los deseos.

-Pero, ¿qué deseos tengo yo ahora?

-Yo veo uno muy claro: has caído presa del deseo de estar bien. Estás ahí atrapada. Aunque tu cuerpo mejorara, un día volvería a ponerse mal y tú volverías a caer en el mismo estado. Ese ciclo se puede repetir hasta el infinito. Eso produce dolor.

-¿Entonces?

-Toma conciencia. Creo que ese es el camino. Has de avanzar poniendo conciencia. Mira con todo tu ser ese Algo que brilla en medio de tanta oscuridad.

-Pero ese proceso del que hablas será largo…

-No. Puede ocurrir en un segundo. Hasta que no contactes con tu esencia seguirán a tu lado el dolor y el sufrimiento.

-¿Y cómo contacto yo con esa esencia?

-Mira dentro de ti. Eso está ahí manifestándose.

-¿Y cómo lo hago? ¡Dime algo concreto que pueda hacer!

-Tanto si estás en medio de una dicha muy grande, como si estás en medio de un sufrimiento atroz, como ahora mismo, mantente siempre en tu Ser Interno. Percíbelo todo como un observador que está mirando la vida. Todo lo que ahora te ocurre pasará, pero tu esencia nunca pasará. Llegará un momento en que sentirás una alegría que no tiene causa. Esa es tu esencia.

- Y entonces despertaré del sueño…

- Eso es despertar del sueño.

-¿Por qué no tenemos claridad respecto a lo que realmente es la vida?

-Porque siempre nos tapamos los ojos. En realidad no queremos ver.

-Entonces, ¿vivimos engañados?

-La mayor parte de nuestra vida la vivimos en el autoengaño; debido a nuestra ignorancia fabricamos todo tipo de corazas, esas corazas nos aíslan del mundo, de la vida.

-¿Cómo puedo contactar con mi ser interno?

-No veas en ti una conciencia individual. Tú no eres un centro desde el que alguien mira. Tú eres consciencia omnipresente, a esa consciencia omnipresente y omniabarcante unos lo llaman Dios, otros Espíritu, otros le dan otros nombres, mejor no lo llames de ninguna manera. Yo personalmente me siento inclinado a decir que eso es Amor, el Amor en el que todo se sustenta. Cuando percibas ese Amor dentro de tí, cuando percibas que ese Amor eres tú misma, ya no tendrá importancia el estado de tu cuerpo.

-Hoy ya es Pascua de Resurrección.

-Pues resucita, salte de esa rueda de dolor y sufrimiento. El dolor es un pozo, un pozo cuya profundidad siempre se agranda, y se va agrandando cuanto más nos acercamos a mirarlo.

-Este cuerpo mío ya no resucita, es imposible.

-Pues abandona esa obsesión por el cuerpo, déjalo que poco a poco se vaya apagando y céntrate en lo Otro.

-Lo haré, sí, lo haré.

-Pero hazlo ya. Ahora mismo. No esperes a mañana.

-Ahora siento que tengo ya algo de paz, me la habrás traído tú…

-Esa paz está dentro de ti, solamente tienes que darte cuenta de que ahí está. Tú eres eso. Nadie nos trae nada. Todo lo llevamos dentro.

 

Conversación con A.R., de 79 años, el sábado 11 de abril a las 10 de la noche. Un encuentro que no estaba previsto. 

 

La foto es de ese mismo día.

 

12.4.09

Lo sagrado


-         Llama la atención que en su discurso de ingreso en la Real Academia de Medicina mencionó a Rudolf Otto, el historiador de las religiones.

-         A él llego por mi hijo Manuel. Pronto se cumplen dos años de su muerte, a la edad de treinta y ocho. Manuel tuvo una evolución curiosa: no era nada religioso, pero a los 30 años entró en contacto con un grupo misionero y vivió una transformación que, la verdad, yo no metabolicé bien. Se embarcó en varias misiones. La más larga, de tres años, fue en México, con los indios guajaca, en plena Sierra Madre. Por desgracia sufrió un cáncer de colon y falleció. Esto ha sido devastador para mí. Pero en México, a pesar de las condiciones durísimas en las que vivía, no dejó de estudiar; tenía el posgrado de Humanidades en varias universidades europeas y americanas, y allí empezó otra tesis sobre Rudolf Otto. Este autor habla de ‘lo sagrado’ como algo que subyace en el ser humano, que puede estar en alguien que no pertenece a una religión. Yo lo pude comprobar en la propia existencia de mi hijo. Aprendí mucho de él”.

 

 

DARIO MÉDICO, jueves 2 de abril de 2009. Una entrevista con Manuel Serrano Ríos (Málaga 1935), prestigioso médico internista e investigador, famoso por sus trabajos sobre la diabetes.

 

En la foto, una hermosísima rosa que tuve la suerte de encontrarme un día; me detuve a contemplarla de cerca gracias a que a un amigo que me acompañaba recibió una llamada en su teléfono móvil y estuvo un buen rato hablando. Fue lo que hice mientras él charlaba. Ahora va a hacer tres años.

6.4.09

Las manos vacías



“Mi hermano fue un día a tomar un tren y se cayó a las vías. Fue golpeado brutalmente por todo tipo de hierros hasta que al final una de las ruedas le dio de lleno en la frente provocándole lo que parecía una muerte irremediable. Tuvo una salida del cuerpo. Lo que luego pudo ver fue una veloz película que pasaba a toda velocidad delante de sus ojos, sus ojos internos: desfilaron sus hijos, su mujer, muchos acontecimientos de su vida. Mi hermano se miró entonces las manos y comprobó que las tenía vacías; justo en ese momento comprendió que su vida estaba carente de sentido ¿Y cómo es que veía que su vida estaba vacía cuando desde siempre él era una persona que ayudaba a todo el mundo? De que era una magnífica persona daban fe sus familiares, amigos y todos los que le conocían, siempre dispuesto a prestar ayuda, siempre servicial, siempre entregado… ¡Una buena persona! Dice mi hermano que en esos momentos pudo ver una gran cifra, una cifra con muchos números, una cifra compuesta por muchos ceros, donde el número uno que figuraba a la izquierda estaba mal escrito y casi borrado, por lo que la cifra real eran todos ceros. Entonces escuchó una voz interior que le decía: “Todo lo que has hecho lo has hecho pensando únicamente en ti mismo, no en los demás…”.

Han pasado quince años desde entonces. Mi hermano no murió. Sobrevivió al accidente y se recuperó. Su vida cambió. A todos nos ha contado la experiencia una vez tras otra, al mismo tiempo que nos advertía que detrás de un trabajo abnegado, detrás de una labor filantrópica, detrás de la caridad, detrás de la aparente bondad, detrás del servicio y de la entrega sin reservas, se puede esconder un ego cargado de orgullo y de soberbia. Ha sido una gran lección para todos nosotros. Le estamos muy agradecidos”. 

 

Contado por Mercedes, hermana de José Vicente,  el 2 de abril de 2009, al término de una charla-coloquio en el hospital Padre Jofre de Valencia.

 

Este apunte está dedicado a C.F., que hoy cumple años.

 

En la foto, una delicada flor encontrada junto a una vieja carretera. Hace cuatro años.

4.4.09

Como en un espejo



Cuentan que San Juan Bosco tenía sueños recurrentes sobre la vida del más allá. Este es el diálogo de un sueño suyo donde se le apareció Luis Colle, hijo de Luis Fleury, conde de Colle de Tolone, fallecido en plena adolescencia y visitante asiduo de Don Bosco en varios sueños: 


-         Querido Luis ¿eres feliz?

-         Felicísimo

-         ¿Estás muerto o vivo?

-         ¡Vivo!

-         Pero, sin embargo, has muerto.

-         Mi cuerpo está sepultado, pero yo vivo.

-         Pero ¿no es tu cuerpo lo que ahora estoy viendo?

-         No es mi cuerpo.

-         Entonces, ¿es tu espíritu?

-         No es mi espíritu.

-         ¿Es tu alma?

-         No es mi alma.

-         ¿Qué es, entonces, lo que veo?

-         Mi sombra.

-         Pero ¿cómo puedo hablar con una sombra?

-         Porque Dios lo permite.

-         ¿Y dónde está tu alma?

-         Mi alma está junto a Dios, está precisamente con Dios y vosotros no podéis verla.

-         ¿Y tú cómo la ves?

-         En Dios se ven todas las cosas, pasado, presente y futuro, todo se ve en él como en un espejo.

 

 

Del libro “La ayuda de los sueños en el crecimiento espiritual”, de Mariano Ballester.

 

En la foto, reflejo del sol en las aguas del Río Viejo, a su paso por el Valle de Covatillas, Segovia.