30.3.09

Rosa y su primavera



Rosa tiene 81 años. Hace unos días he tenido el privilegio de escuchar de su boca el relato de qué fue lo que le ocurrió hace muy poco tiempo.

Ni tan siquiera hace un mes que Rosa acudió a un Centro de Salud de una bella ciudad del norte de España con un grave problema de salud debido a un trombo que le provocó que su corazón comenzara a latir como un caballo desbocado: a 220 pulsaciones por minuto. Los médicos, que lo detectaron justo en ese momento, le tuvieron que provocar una parada cardiaca antes de que ese corazón se rompiera irremisiblemente. El caso es que Rosa estuvo ‘muerta’ durante unos minutos. Una muerte inducida. Luego fue reanimada y de alguna manera ‘devuelta a la vida’.

Cuenta Rosa las cosas con extraordinaria serenidad. Habla como una niña asombrada. A medida que narra los hechos ella misma va cayendo en la cuenta de que durante un tiempo breve estuvo fuera de su cuerpo.

Este es su relato:

“Yo oía las palabras de los médicos, pero comencé a oír también un coro de voces que cantaban. Después caminé por un túnel. No me costaba caminar. Mientras iba andando, que no andaba porque es como si me llevaran, yo me preguntaba: ¿Adónde iré yo? Al fondo había una luz blanca muy intensa. La luz de la que hablo estaba en el centro, aunque a veces se desplazaba hacia la izquierda. Esa luz casi me hacía daño cuando la miraba. Después me salieron al paso otras luces: alguna de color naranja, otra luz malva, alguna azul, otra dorada. En ningún momento tuve miedo. No ví a nadie conocido, nadie me habló ni me dijo nada. Yo a la vez podía ver lo que me estaban haciendo los médicos, aunque por lo que luego me han contado yo tenía parado el corazón y mi cerebro no emitía señales. Nunca sentí temor alguno.”

La hermana de Rosa, de 84 años, que asiste atentísima al relato, dice: “Sé que mi hermana no miente. Yo la tengo que creer. Con la experiencia de mi hermana he aprendido que la vida no nos pertenece. Ahora hemos de tener mucha confianza. Eso es todo”.

Mientras Rosa y su hermana están hablando, brilla en la calle la luz de marzo con todo su esplendor. La foto es de ese momento. Se trata de las ramas florecidas de un delicado ciruelo. El cielo tiene un azul magnánimo.

¿Qué sensaciones tuve delante de Rosa? Me estoy preguntando ahora mismo. Lo voy a explicar de la siguiente manera: creo que Rosa, como todos nosotros, estaba cultivando hasta hace muy poco su pequeño huerto aquí en la tierra, sin apenas pensar en nada más; sin embargo ahora se percibe en su rostro una cualidad distinta: es como si acabara de recibir la visita de unos  Hortelanos Celestiales, esos que le han mostrado los Nuevos Alimentos y las Delicias de los Otros Reinos. Está encantada. Todavía percibe la extrañeza de todo, pero en el fondo de su corazón está inmensamente feliz.

Otra cosa clara: por dos veces salió en la conversación el nombre de Dios. Tanto ella como su hermana no necesitaban oírlo, a pesar de ser muy religiosas. Estaban al margen de ese concepto. Es lógico. Porque quien se adentra en la muerte se adentra por entero en el territorio de Dios, aunque incluso no lo sepa; por eso hablar de Dios en esos momentos es sencillamente redundante. Me acuerdo ahora de aquello que le preguntaron hace años a Jean Klein: “¿Existe Dios?" A lo que respondió: “Dios es un concepto, como todos los conceptos es falso. Dios no existe. Dios es”. 

27.3.09

De diferente manera


Los enterramientos en Estados Unidos suponen cada año el soterramiento de 3 millones de litros de fluidos que provienen de los embalsamamientos (formaldehído, metanol y etanol) que degradan enormemente los suelos. Por si esto fuera poco, las incineraciones que se llevan a cabo como alternativa expulsan al aire dioxinas, ácido hidroclórico, dióxido de azufre y dióxido de carbono.


En el otro lado de la balanza, una empresa sueca puede desecar un cuerpo en nitrógeno líquido, pulverizarlo con vibraciones de alta frecuencia, para después sellar el polvo resultante en un pequeño ataúd biodegradable elaborado con harina de maíz. Este enterramiento ecológico se descompone completamente sin dejar ningún residuo al cabo de 6-8 meses.

23.3.09

El último pensamiento


¿Qué sucede cuando una persona se suicida? Pregunta alguien. Pues lógicamente…que se muere. Risas en la sala.

A lo largo de los dos últimos meses el suicidio ha salido ‘insistentemente’ en charlas, en conversaciones con amigos, en lecturas, en películas. No sé muy bien la razón ¿Tal vez la crisis? Bromas aparte, el suicidio sale a colación porque nos inquieta, tenemos personas conocidas que se han suicidado y a todos nosotros, alguna vez en la vida, se nos ha pasado por la cabeza. Hay que reconocerlo.

Yo personalmente he escuchado todo tipo de teorías sobre el destino de las almas de los suicidas, algunas de estas teorías provenían de ‘reconocidos instructores espirituales’, y la verdad sea dicha no sonaban muy bien: que si todos los suicidas van a un mismo lugar, que si vuelven a reencarnar inmediatamente, que si esto, que si lo otro, que si lo de más allá, y nunca mejor dicho ‘lo de más allá…’

Lo mismo que no hay dos vidas iguales, tampoco hay dos muertes iguales. No tenemos derecho a juzgar ninguna vida, tampoco ninguna muerte y menos la de un suicida. En la muerte de alguien que se suicida desconocemos cual fue su último pensamiento. Ese último pensamiento, ése último impulso del corazón puede determinar muchas cosas y, sencillamente, lo desconocemos.

Podemos pensar que alguien murió desesperado, pero puede que en el último instante haya conseguido reunir Amor en su corazón ¿Quién lo sabe?

Lo mismo que la muerte no es solamente un acontecimiento que se encuentra al final de nuestra vida, pues morimos cada día, a cada hora, a cada segundo, de la misma manera el suicidio no es un acontecimiento que está al final, el que en última instancia acaba con el cuerpo; suicidios parciales hay a diario, la variedad es amplísima, solamente hay que verlos. La vida está llena de gente que se quiere matar, nosotros lo hemos hecho muchas veces y puede que lo estemos haciendo sin darnos cuenta.

Todavía es una trampa de nuestra mente pensar que se muere, sea en forma de acto suicida o sea de manera ‘convencional’. Nuestra mente no se detiene a la hora de fabricar teorías; nuestra mente no para de hacer acrobacias.

“No temáis a los que matan el cuerpo porque al alma no se la puede matar”.

No hay que esperar a morir para cambiar ‘de estado’. Ya estamos muertos. Esta Esencia que somos siempre la seremos. No venimos de nada, no vamos hacia nada.

Muertos o vivos, con cuerpo o si él, siempre hemos sido Eso. Eso que ahora somos lo seremos siempre. Vivimos estabilizados en lo Absoluto. Nunca hay muerte. Ni nacimiento. Ni cosas. Ni personas. Ni mundo. Solamente hay un Sí Mismo. Eterno. Inalterable.

Lo real es siempre Eso.

Nunca estamos limitados por el cuerpo o por la mente. Siempre somos sin límites.

 

 

En la foto, ranúnculos verdes flotantes, primeras flores de primavera sobre las aguas del río. Hace tres días.

16.3.09

Una nueva visión


Hace poco que murió una joven italiana. Llevaba mucho años en estado vegetativo. Esa muerte ha provocado un intenso debate en gran parte de la sociedad occidental. Lo que viene a continuación son algunas reflexiones personales que deseo compartir.

En el estado actual de la medicina, que es el estado de la ciencia en general, un médico aún no dispone de conocimiento (empírico) de cuándo un Ser está habitando en un cuerpo o cuando ya lo ha abandonado. La parte biológica puede estar funcionando ‘perfectamente’ y ese Ser puede estar ya completamente ‘fuera’; y al revés, puede no estar funcionando ya la parte biológica y estar ese Ser ‘atado’ todavía a ese cuerpo.

En relación a lo que se acaba de decir en el párrafo anterior me atrevo a formular una hipótesis: puede que la joven Eluana Englaro estuviera ya ‘muerta’ cuando la desconectaron para morir…

Para interrumpir el sufrimiento de un cuerpo se necesita “saber” que el Ser ya ha partido de ese cuerpo.

No son los síntomas físicos lo que demuestra que un Ser ya está fuera de su cuerpo; para tener conocimiento de ello se necesita una percepción de ‘otro nivel’.

Entonces, para poder poner fin al sufrimiento de un cuerpo físico necesitamos tener “esa visión”, aún cuando la ciencia actual todavía no disponga de ella.

Lo importante es que no rompamos el cordón de la vida (también llamado ‘cordón de plata’), porque ese cordón debe romperse por sí mismo, de forma completamente natural.

La medicina, los nuevos médicos, irán recibiendo, primero de manera aislada e individual -y de forma casi ‘no oficial’- esta nueva manera de tratar las cosas y los casos tan complejos que van a ir apareciendo.

Puede haber profesionales que aún no se sientan preparados, pero puede haber circunstancias a través de las cuales se sientan inspirados para ‘saber’ ya de un forma “clara e incuestionable” lo que tienen que hacer en cada caso.

 


Dedico este apunte a varios amigos médicos, algunos completamente ‘descreídos’ y otros que avanzan por ‘la Ciencia de la Vida’ a muy buen ritmo.

 

Pido disculpas por tanto entrecomillado. Esas comillas finalmente han permanecido por la gran dificultad del tema que aquí se trata y la extraordinaria sensibilidad que despierta.

 

En la foto, almendros en flor con la Sierra del Guadarrama al fondo.

13.3.09

Aprendemos siempre


Hace años llevé a cabo en California un taller de reflexión entorno a la muerte; en medio de una de las disertaciones la sala entera se movió a causa de un terremoto que estaba teniendo lugar justo en ese momento. Uno podría pensar que, después de haber estado tratando durante varios días el tema de la muerte, el grupo estaría mejor preparado, pero no fue así; los rostros estaban todos sobresaltados y llenos de temor.

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Cuántas personas regresan cada noche a casa en su coche después del trabajo, cuando de pronto se produce un brusco choque y muchos de ellos mueren; y de los muchos que mueren bastantes piensan o exclaman mientras llega a ellos la oscuridad que tapa sus ojos: “¡Maldición!”, porque esa es la primera palabra que acude a su mente; si esa palabra pudiera ser sustituida por “¡Dios!”, “¡Amor!” o “¡Gracias…!”

…/…

Los monjes budistas tibetanos aceptan la muerte exactamente igual que aceptan los sucesos de la vida cotidiana. Muchos de ellos beben con tazas hechas con cráneos sacados de las cámaras crematorias; otros emplean rosarios tallados con huesos humanos  para tener siempre presente a la muerte porque saben que todos podemos perecer en cualquier momento.

 


STEPHEN LEVINE, “¿Quién muere?, una exploración en el Vivir y Morir Conscientes”.

 

En la foto, rejilla de luz cristalina que rodea al planeta Tierra.

10.3.09

Inconfundible dulzura



“El Dios o Señor inmanente es el espíritu de inteligencia que entró en el cuerpo en la concepción. No tiene atributos. Es inteligencia pura sin la corrupción de la mente o el saber. La creciente negación de todo lo que el individuo solía ser, permite al Señor o al Dios inmanente “aparecer” en el cuerpo moribundo y los seres queridos sensibles pueden realmente presenciarlo. Pero a menudo la aparición pasa desapercibida por su extremada sutileza y ausencia de atributos identificables, combinado con la sensación de pérdida y pena en los seres queridos que perturba su sintonía con lo que está ocurriendo. Lo más cercano que se puede decir para describir esta metamorfosis divina es que una Inconfundible Dulzura y Amor aparece en el paciente, más refinado que cualquier otra cosa jamás vista en él o ella antes”.

 

 

BARRY LONG, “Qué es morir: Como yo lo estoy viendo”. Un artículo escrito en los últimos meses de su vida, mientras él mismo se adentraba en su propia muerte a través de la experiencia de un cáncer terminal.

 

 

En la foto, el dibujo trazado por las algas en la fuente en la que recojo agua.

9.3.09

Una sola frase



Morir es vaciarse… para llenarse de Todo.



Dedico este apunte a un joven que está en coma desde el sábado, a causa de un accidente de moto.


En la foto, de ayer mismo, mi hijo pequeño descansa sobre un muro después de un largo rato de juegos con un gato.

5.3.09

Agua que todo lo envuelve



El nieto mayor no acierta a comprender cómo ese sábado, como todos los sábados, iba dispuesto a jugar su habitual partido de fútbol cuando decidió no jugar. Fue una decisión tomada en pocos segundos. A todos sus compañeros les extrañó, también a él mismo. Y todavía no acierta a saber cómo después de tomar esa decisión de no jugar, a los pocos minutos, recibió la llamada de su madre para que fuera sin falta al hospital porque la abuela se estaba muriendo. Lo que sí sabe es cómo cuando llegó al hospital daba la sensación de que su abuela lo estuviera esperando, no sólo a él, también a los demás familiares que se reunieron alrededor mientras la abuela moría tranquila y serena… “Estábamos todos los que teníamos que estar y ninguno encontró ninguna dificultad para venir; todos suspendimos o aplazamos lo que íbamos a hacer o estábamos haciendo; es como si siguiéramos la voz de un dictado interior; es como si ella misma nos hubiera reunido a todos para llevar a cabo su despedida…”.

 (Así me fue contado por Mario, 23 años, el 25 de febrero de 2009).


Cada vez oiréis a más personas hablar de telepatía. Cada vez más personas nos relacionaremos a través de la telepatía. Cada vez os encontraréis con que os podéis comunicar de forma telepática. Os veréis comunicándoos con personas alejadas físicamente de vosotros, incluso de nacionalidad diferente y puede que de ‘naturaleza’ diferente (seres espirituales de nuestras tradiciones, de otras tradiciones, personas de alta evolución espiritual, entidades de personas fallecidas, ángeles, seres de luz o seres de origen extraterrestre… y un largo etcétera... porque es fácil caer en la cuenta de que existen seres de diferentes mundos y de diferentes planos....)

La telepatía plasma la conexión grupal a través de determinada vibración. La telepatía viene a ser ese organismo externo que integra a un grupo de servidores de la humanidad, cada vez más numeroso. En la Biblia se dice: “En Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser”. Esto trae consigo la “omnipresencia”, que es la plasmación sincrónica de todo un cúmulo de energías interrelacionadas.

Relacionarse con familiares muertos puede ser mucho más ‘fácil’ de lo que parece, no hay que hacer cosas raras, basta con ‘conectarse’ ¿A qué? A un impulso del corazón, porque ese impulso nunca es unívoco, al contrario viaja siempre en muchas direcciones.

Existe un cuerpo etérico individual, también existe esa misma rejilla etérica en el globo terráqueo y también es conocida en el universo entero. El éter y lo que los científicos de ahora mismo llaman energía oscura puede ser algo muy parecido.

Un buen número de mentes involucradas en este proceso de traer Luz habitan en un universo sintético (de síntesis) con la tarea de iluminar y de aportar comprensión, conocimiento y de proseguir el camino de la apertura de conciencias. Este es un viaje de despertares.

La humanidad evolucionada, los místicos y los que aman y sirven a sus semejantes, son cada vez más conscientes de que hay una Mente Universal que dirige todo el proceso evolutivo. Cuando la telepatía es cultivada conscientemente se comprueba que la mente individual establece conscientemente contacto con la Mente Universal.

Éste es el sentido profundo del  verdadero intercambio telepático: que sirva para ayudar, que sirva de bálsamo y consuelo, que sirva para comprender y para progresar elevando la baja vibración, para traer Luz a la Tierra, nunca para el uso partidista, nunca para el aprovechamiento puramente individual… Hasta que la voluntad y los deseos de cada individuo estén en sintonía con los del Universo.

La Humanidad es un reino mucho más grande de lo que pensamos y no se limita solo a esta tierra en la que vivimos.



Este apunte está dedicado a Ana y a sus dos hijos.


En la foto, la salida de agua de un manantial en Caballar, Segovia.