27.11.08

Decenas de miles de muertos



Ante la situación de guerra declarada que está viviendo el Este del Congo, que empeora por momentos, y las informaciones recibidas directamente de la región, la Federación de Comités de Solidaridad con África Negra ha hecho una denuncia de lo que está ocurriendo para que se sepa lo que los medios de comunicación no dicen. Entre un millón y medio y dos millones de desplazados y decenas de miles de muertos nos urgen a dar a conocer los intereses ocultos que están detrás de esta tragedia.

Os pedimos que difundáis este comunicado para contribuir a que el mayor número posible de personas conozca lo que está ocurriendo en este país ya tan martirizado.

 

Gracias por vuestra colaboración.

 

Federación de Comités de Solidaridad con África Negra.

 


 

 

 

 

21.11.08

Ni un solo día


Me encuentro con mi amigo en una bulliciosa plaza de la gran ciudad. Nos da mucha alegría volver a vernos. Han pasado varios años desde nuestro último encuentro. Caminamos hasta una cafetería cercana. Nos sentamos a charlar mientras tomamos algo.

Le hablo de “Hermana Muerte”, este libro-DVD que muchos ya conocéis. Le entrego un ejemplar, ejemplar que mira y acaricia como si se tratara de algo muy valioso. Me sorprende y me gusta tanto mimo por su parte. Después de un par de minutos me dice: “Aunque mi madre murió hace ya bastantes años, no hay ni un solo día que no me acuerde de ella…”. Se hace el silencio entre nosotros. Luego le digo: “Eso que te ocurre no sé si lo puedes llamar “acordarse”, no sé si eres certero con esa expresión… Porque ese recuerdo, esa mirada del corazón va y viene en las dos direcciones; creo que no eres tú solo el que se acuerda de ella, ella se acuerda también de ti. Siempre que tú proyectas el pensamiento sobre ella, ella proyecta sus alas blancas sobre tu ser y sobre el mundo en el que vives. Tienes el alma impregnada por el perfume de tu madre, de tal forma que ahora sois mucho más que madre e hijo, ahora sois dos almas en común-unión, juntos trazáis un camino que nace en las montañas de esta tierra y que se adentra ya en las profundas raíces de los cielos…”.

 

Cuando salimos de la cafetería el cielo rojo del atardecer corona nuestras cabezas. Nos abrazamos para despedirnos. Nuestro corazón se siente alegre. Mientras camino hasta el parking donde tengo el coche apunto esto en mi libreta de color rojo: “Nuestro verdadero estado es antes de que la conciencia surgiera. La conciencia con la que tanto nos identificamos es también una ilusión. Todo lo que queremos, todo lo que deseamos o adoramos son conceptos. Un día, al morir, pasaremos a ser consciencia sin una forma; seremos no conscientes de nosotros mismos. Justamente eso es lo Absoluto”.

 

Fuimos-Siempre-Todo-Eso.

 

 

Dedicado a mi amigo José Julio Sevilla, y su apasionado amor a los libros...

 

En la foto, las llamas de hoy en la chimenea.

 

 

16.11.08

La muerte de mi padre

Pregunta:

¿Podrías decir algo sobre la muerte de tu padre acaecida ayer?

 

Respuesta:

No fue en absoluto una muerte. O fue la muerte total. Y ambas cosas significan lo mismo. Murió de una manera envidiable: murió totalmente desprendido del cuerpo y de la mente.

Fui a verlo sólo tres veces durante todo el mes que estuvo en el hospital. Siempre que sentía que estaba justo en el límite, iba a verlo. Las dos primeras veces estaba un poco asustado porque si moría tendría que nacer otra vez; existía un pequeño apego suyo con el cuerpo. Su meditación se profundizaba cada día, pero unas pocas cadenas con el cuerpo estaban todavía intactas, no estaban rotas.

Ayer fui a verlo: estaba inmensamente feliz, ahora podía morir con una muerte verdadera. Ya no estaba interesado en el cuerpo. Ayer por la mañana temprano, a las tres, alcanzó su primer vislumbre de lo eterno e inmediatamente se hizo consciente de que ahora se moriría. Esta fue la primera vez que me llamó; las otras dos veces fui por mi propia voluntad. Ayer me llamó pues estaba seguro de que se moriría. Quería decir adiós y lo dijo hermosamente, sin lágrimas en los ojos, sin ningún anhelo por la vida.

Por lo tanto, de alguna manera no es una muerte, sino un nacimiento en la eternidad. Murió en el tiempo y nació en la eternidad. Es una muerte total; total en el sentido de que ya no volverá nunca más. Y ésta es la realización máxima; no hay nada mejor que esto.

Abandonó el mundo en silencio total, en alegría, en paz. Abandonó el mundo como una flor de loto; merecía la pena celebrarlo. Y estas son las ocasiones en las que aprendes cómo vivir y cómo morir. Cada muerte ha de ser una celebración, pero solamente puede ser una celebración si te conduce a planos más altos de la existencia.

El murió iluminado. La vida es fea si no te iluminas y la muerte se vuelve hermosa si te iluminas. La vida es fea si no te iluminas porque es una miseria, un infierno. La muerte se vuelve una puerta hacia lo divino si te iluminas; no es más una miseria, no es más un infierno si eso ocurre.

Estoy inmensamente feliz de que muriera del modo en que murió. Recuerda: a medida que profundizas en la meditación, te alejas más y más de tu compuesto cuerpo-mente. Y cuando la meditación alcanza su pico más alto, lo puedes ver todo.

Si la meditación sucede antes de la muerte, uno muere en perfecta salud, porque uno no está realmente muriendo sino entrando en un plano más alto. El cuerpo se convierte en un escalón.

Mi padre meditó durante años. Era un hombre muy extraño; es muy raro encontrar un padre como él. Un padre convirtiéndose en discípulo de su propio hijo: es raro. El padre de Jesús no se atrevió a ser su discípulo, el padre de Buda dudó durante años de ser un discípulo. Pero mi padre meditó durante años, convirtiéndose de alguna manera en mi discípulo. Meditaba tres horas cada día, por la mañana; desde las tres a las seis; estaba sentado en meditación. Ayer también, en el hospital, él continuaba.

Ayer sucedió. Uno nunca sabe cuando sucederá. Uno tiene que continuar excavando; un día te cruzas con la fuente del agua, la fuente de la consciencia. Ayer sucedió; sucedió en buen momento. Si hubiese abandonado su cuerpo un día antes, de nuevo hubiese vuelto al cuerpo con rapidez, aún se aferraba un poco. Pero ayer el pasado estaba completamente borrado. Logró la no-mente, murió como un Buda. ¿Qué más puede uno tener que el estado de Buda?

La tarea de todos es vivir como Budas y morir como Budas. ¡La muerte de un Buda es ambas cosas! No es una muerte, porque la vida es eterna. La vida no empieza con el nacimiento y no termina con la muerte. Millones de veces has nacido y has muerto; son todos pequeños episodios en el peregrinaje eterno. Pero debido a que estás inconsciente no puedes ver lo que está más allá del nacimiento y de la muerte.

A medida que te vuelves más consciente puedes ver tu verdadero rostro.

Mi padre vio su rostro original ayer. Escuchó una mano aplaudiendo, oyó el sonido sin sonido. Por esto no es una muerte: es alcanzar la vida eterna. Por otro lado, puede llamarse una muerte total en el sentido de que él no volverá nunca más. ¡Alégrate!

Osho: "Be Still and Know”, mañana del 9 de Septiembre de 1979.

 

En la foto, el precioso rostro de un autillo muerto que encontró un amigo hace ahora dos meses.

 

10.11.08

Querer ser santo

Hay personas a las que les gustaría ser santos. Parece como un deseo un poco infantil, quizá inflamado por una mística pasajera, pero sin duda que es un deseo lícito… y real. Hace unos meses un amigo muy querido me manifestó su deseo de ir comprendiendo la propia muerte y de ser santo después de ella. Nos cruzamos un par de correos. Me atrevo a reproducir parcialmente uno de ellos.

 -Sé que no es fácil que yo pueda ser santo, pero me gustaría hacer méritos y poder cristalizar en esa realidad…

 -Hablas de santidad y medito contigo ahora mismo, en voz alta. La santidad no puede ser una idea. Si la santidad es una idea nos acabará deformando, porque iremos detrás de la idea de santidad, no de la santidad misma. Además, ¿quién es santo? ¿Solamente el que ha sido sacralizado por unos estamentos religiosos que se asignan la tarea del monopolio espiritual? Tengo muchas dudas. Creo que hay muchos santos anónimos y muchos más santos que no se ajustan a ninguna norma, a ningún patrón. Esos santos no hacen milagros particulares, sino que ven la vida entera como un milagro permanente. Los santos de estos tiempos pueden pasar completamente inadvertidos. Son muchos y practican la libertad de culto. Cada uno de ellos es su propio culto: el culto del Amor, un Amor no relacionado con ninguna práctica establecida, un Amor que vibra es la esfera de lo Universal.

Los santos de los que hablo pueden estar al margen de las religiones establecidas, pero sienten todos ellos una profunda religiosidad interior. Los santos que más me resuenan son muy parecidos a los místicos. El místico de estos tiempos es el que logra sintetizar en su vida, no en su mensaje teórico, la visión estática que plantea oriente (Buda) de la meditación y de la no acción, con la visión del Amor en Acción (Jesús). De esa fusión de estatismo contemplativo con la acción en el exterior puede salir esa 'mezcla santa', esa síntesis de Vida. Un místico es alguien que, aún viviendo en medio de la vorágine de la vida, ha aprendido a trascender la sensualidad, las emociones, los deseos y los temores y está en una escala superior desde la que contempla su ser real. Su ser real estará siempre confluyendo con la contemplación del Espíritu que habita dentro de él y dentro de todos los demás, de todo lo demás, porque todo está traspasado por ese Espíritu. Nadie tiene que venir de fuera a decirnos si somos santos o si dejamos de serlo. No es uno santo porque lo decida un tribunal, antes o después de nuestra propia muerte. Somos santos desde el momento que consagramos nuestro corazón ¿Qué significa eso de consagrar el corazón? Si tenemos la intención firme y clara de querer ver a Dios en todo lo que nos rodea, a la vez que nos consagramos al servicio de los demás; entonces seremos santos; si únicamente nos consagramos al servicio de nosotros mismos, entonces nunca lo seremos, por más que tengamos la idea de 'perseguir' la santidad.

  -Porque… ¿cuál es la misión de una persona santa?

 -Jesús habló, a veces insistentemente, de la venida de su Reino, y acertó a decirnos que ese Reino llegaría cuando el Espíritu Divino se estuviera manifestando siempre y en todo lugar. Mil años antes Buda había dicho exactamente lo mismo. Y tanto Buda como Jesús dijeron que ese Reino no vendría con estruendo. Ese Reino es el Reino del Amor en todos y en todo. Ese Reino es volver a recuperar la inocencia original con la que llegamos a la vida, por cierto la misma inocencia que recuperan los que se van, los que mueren. Inocencia significa abandonarse completamente en los brazos de la Vida, dejar que la vida 'haga' en nosotros, que nos construya, que se manifieste a través de nosotros.

Creo que ahora ya nadie traemos 'misiones particulares'. Ahora la misión es general. Entre todos, de todos, por y para todos. Tenemos la misión de ayudar a que el Reino de los cielos, que es el Reino del Amor, pueda bajar a la tierra.

 

Este apunte está dedicado a Pablo Jorge, guardián de los valles de Segovia.

 

En la foto, la última luz de un día de noviembre. De eso hace ahora tres años.

 

3.11.08

Las semillas de la felicidad



La hermana mayor de mi amiga estaba en coma. Diez años antes le habían practicado un trasplante de hígado. Tres años después, su salud se degradó. 
Cuando mi amiga llegó a los Estados Unidos, su hermana estaba a punto de morir. Tenía mucho sufrimiento, yacía sobre el lecho y se retorcía, gemía, gritaba. Sus hijos tenían las medicinas. Las habían utilizado todas para calmar sus dolores, pero no lo habían conseguido, ni siquiera con los medicamentos más fuertes. El dolor era insoportable. Mi amiga llegó con un par de auriculares y una cassette de un canto de la Village des Pruniers (Francia), grabada por las hermanas y los hermanos: “nam mô bô tat quan thê âm”. Puede que alguno de vosotros lo haya escuchado. Colocó los auriculares en los oídos de su hermana mayor, aumentó el volumen para que los sonidos pudieran atravesar el coma. Dos minutos después, sólo dos minutos después, su hermana cesó de gritar, de retorcerse. Estaba apacible ¿Por qué? porque ella tenía en sí las semillas del canto que loa el nombre de la compasión. 
    Siendo pequeña, ella iba al monasterio y escuchaba a los monjes cantar. Estas simientes de paz, de fe y de compasión estaban en ella. Durante su vida laboral no se había tomado el tiempo para regar y nutrir esas semillas. Pero en el momento de la agonía su hermana pudo ayudarle a que tomaran fuerza y pudieran finalmente florecer. Dos o tres minutos de escucha de estos cantos accedieron a esas semillas y ella renació. Se calmó mucho y quedó apacible hasta su muerte. Los médicos que estaban allí, e incluso su hija que era médico, estaban maravillados. Sin medicamentos, sin anestesia, nada más que una cassette para abrir un rayo de luz, a fin de tocar las semillas espirituales de esa persona. Todos tenemos esas semillas dentro nosotros, son momentos de paz y de gozo que han creado la simiente de la paz en nuestro corazón. Todos llevamos dentro la gloria de la muerte. Gloria de los cielos.

 

A partir de una experiencia compartida con THICH NHAT HANK.

 

En la foto, un campo de centeno muy cerca de donde vivo.