29.8.08

Detrás de todo lo que pasa


“Una de mis iniciaciones se produjo hace muchos años, siendo estudiante de medicina, en las salas públicas de cierto anticuado hospital de Nueva Delhi. Yo estaba realizando un examen previo a un paciente que a las pocas horas iba a ser operado. De repente el hombre miró boquiabierto por encima de mi hombro. Me volví bruscamente; en el vano de la puerta se tambaleaba una mujer. Corrí hacia ella, llegué apenas a tiempo para sujetarla en el momento en que se derrumbaba. Sospeché que se trataba de un ataque cardíaco. Llamé al equipo de emergencias. Mientras una enfermera llamaba a la unidad coronaria, sostuve a la mujer durante los dos minutos que tardaron en llegar; tenía los ojos cerrados. De pronto dejó de respirar. En medio minuto inicié las técnicas manuales de reanimación, pero tuve tiempo para ver con claridad que se estaba muriendo. En medio del nerviosismo, pude sentir cierta serenidad, cierta calma; me era imposible determinar si yo presenciaba esa calma o si la calma me presenciaba a mí. Tenía una leve pero clara sensación de que algo pasaba en el aire, acompañado por una oleada de paz. Antes de que pudiera pensarlo, toda la experiencia desapareció cuando llegó el equipo de emergencias. Otro médico se hizo cargo de todo, apartándome más o menos a empujones.

Al ponerme de pie pude ver a dos hombres que miraban por encima de mi hombro; eran el aldeano punjabi al que yo estaba atendiendo y otro paciente, de más edad, que yo no había visto hasta entonces.

-Volved a la cama, por favor –dije-. Lamento mucho que hayáis tenido que pasar por algo tan perturbador.

-No se preocupe. No pasa nada.

Mi paciente punjabi volvió a murmurar algo y el otro me tradujo:

-Ella le está agradecida.

-¿Por tratar de salvarla? –logré decir.

-No, no. Por sostenerla en brazos. De ese modo ha sentido menos miedo al partir.

Dicho eso, los dos volvieron a la sala en penumbra para acostarse.

Este incidente me resulta inolvidable por tratarse de algo que yo ya sabía: que detrás de toda acción hay oculta una acción de Dios.

Mi percepción de lo que le pasaba a la mujer fue muy elemental, pero lo que recibí a través de mis dos pacientes, era lo que necesitaba oír. El Espíritu quiso hacerme saber que la paz de la muerte es real.

Pensando ahora en aquel momento, sé que el mensaje era todavía mucho más profundo: Dios está presente en la muerte. En toda acción se oculta una acción de Dios.”

Deepak Chopra, “El Camino hacia el Amor”

La foto es de un atardecer de este verano, cuando el tiempo se queda suspendido y los que íbamos paseando contemplábamos…extasiados.






19.8.08

ALELUYA


Supongamos que en un pasado lejano alguien consintió… un aborto. Y supongamos también que ese aborto le ha pesado enormemente durante años y años; incluso esa persona relaciona ese aborto con depresiones, angustia vital y una gran oscuridad que le ha acompañado a lo largo de mucho tiempo. Supongamos que un día, al estar hablando con otra persona, cae en la cuenta de que tenía olvidado por completo a ese ser del que ‘se deshizo’ en aquel momento… y llora y siente que todo ese dolor llega de nuevo. Pero ahora sabe también que ese dolor, que es muy breve y muy intenso, ha aparecido en su vida para sanar esa herida y restaurar un equilibrio. Y supongamos que esa persona que le acompaña le propone adoptar espiritualmente a esa criatura. Y ellos dos deciden ‘casarse’ en matrimonio espiritual para llevar a la Luz a ese ser que había quedado atrapado, detenido en su evolución: sacar a ese ser de su ‘estancamiento’, devolverlo a la Claridad, transferirlo a la Vida. Y de paso devolverse también él a si mismo la posibilidad de que ese agua estancada de su corazón vuelva a correr fresca y ligera… Y supongamos que a partir de ese momento sienten que todo les bendice y que hay campanas de gloria que tocan a cada minuto por esa decisión de sus almas… y cómo van notando a cada paso que esa Criatura vela a todas horas por ellos y por todo lo que les rodea y cómo les acompaña sin cesar, de día y de noche, ahora y siempre… ¡Bendita Luz de los Cielos!
Supongamos… o no.

La foto es de hace unos días; fue tomada en el coche a través del techo solar, a más de cien kilómetros por hora. La hizo mi hijo mayor cuando regresábamos de un viaje. Ese día el sol era también un claro ‘signo en el cielo’.



13.8.08

UN LIBRO A LAS ESPALDAS


Hace algo menos de un mes el amigo Florencio Montes, Floren para los amigos, me dijo que iba a llevar el libro de ‘Hermana Muerte’ a sus espaldas a lo largo de una maratón en la que iba a participar. Después lo donaría a una ONG que lo llevaría a su vez, junto a otro centenar de libros donados por otro centenar de corredores, a diversos países de América Latina. Se trata de una bonita iniciativa que lleva ya varias ediciones. La carrera ya se ha celebrado y por lo visto fue algo precioso.


¡Recorrer un largo camino con un libro a las espaldas…! De alguna manera así me siento yo ahora mismo: corriendo y recorriendo muchos lugares con este libro entre las manos, mostrándolo, enseñándolo, abriéndolo a tantos rostros y corazones que van saliendo al paso, a tantas personas que están buscando una transformación para sus conciencias. Y a tenor de cómo se están desarrollando las cosas, creo que estamos en el inicio de una aventura larga y extraordinaria.


Como Floren donó el libro que él mismo había comprado, yo he sentido que había de reemplazárselo por uno nuevo. Voy a ir ensayando ahora la nueva dedicatoria, si atino con la caligrafía y consigo que se me entienda la letra: “Querido amigo. He de darte las gracias por haber llevado este libro, éste precisamente, agarrado a tus espaldas, a lo largo de tantos kilómetros. Puedo imaginar tu descenso desde las altas montañas de Navacerrada hasta la bella ciudad de Segovia, esta tarde de verano, en medio del calor y de las nubes blancas. Tu sudor y tu esfuerzo merecen la pena, como todo lo que se hace en la vida. Todo lo que hacemos vale para algo. En este precioso guión del vivir no sobra ni una coma. Siento que algunos seres nos bendicen desde el cielo. Caminamos entre los vivos hablando con nuestros muertos. Viajamos entre los muertos viviendo con nuestros vivos, en esta fiesta del existir que ya no conoce barreras. Ahora mismo las dimensiones se cruzan, se intercambian. El ‘aquí’ y el ‘allá’ vienen a ser la misma cosa”.


Quiero dedicar este apunte a Paz, que en la actualidad ‘corre’ también por muchos lugares de España con este libro entre las manos.


La foto es de una nube viajera, la misma tarde de la maratón en la que corrió mi amigo.