30.7.08

YA SÉ MORIR

En el coloquio posterior a la presentación de Hermana Muerte en Barcelona, una mujer llamada Mercedes contó lo siguiente: “Mi madre, después de una enfermedad de siete años, se fue apagando poco a poco y murió con tanta paz que en el momento de su muerte yo me dije: Ya sé morir, mi madre me ha enseñado; si algún día tengo cerca la muerte ya no voy a temer porque esta madre me ha mostrado la manera. Ya he aprendido… “

Luego siguió relatando: “A los pocos meses me diagnosticaron un cáncer; ese cáncer se fue complicando y me llegué a sentir muy cerca de la muerte. Reuní a mis hijos y les dije que pronto iba a morir. Les pedí que no estuvieran tristes porque yo ya me sentía preparada, estaba tranquila y feliz. Justo a partir de ese momento mi salud empezó a mejorar, cada día un poco más, hasta hoy. Hace ya tres años de eso. Estoy completamente restablecida. Me encuentro perfectamente de salud. Ahora cada día me pregunto cómo puedo ser útil a los demás; quiero ayudar, quiero compartir con los demás mi experiencia.”

Cuando lo acabó de contar sonó en la sala un sincero aplauso para ella. Después yo le pregunté si era la primera vez que compartía esa experiencia en público. Dijo que sí. Entonces solamente quise añadir: “Si por alguna razón murieras esta noche, cosa que seguramente no sucederá, tu experiencia y tu vida tendrían ya completo sentido porque ya nos has hecho partícipes a los que aquí estamos de este inmenso regalo. También nosotros contaremos a los demás tu experiencia. Que el Cielo te bendiga”.

Antes de despedirse me dijo, a título individual, que hacía poco más de un mes que se había puesto en contacto con unas mujeres que trabajan en la Asociación de la Lucha contra el Cáncer, presumiblemente su futuro destino.

El día que escribía esto hubo tormenta y en el cielo surgieron dos arco-iris.

23.7.08

HE COMPRENDIDO

Mi querido hermano Juan ha pasado, está pasando, en este último mes por un proceso muy intenso, a ratos muy duro, pero muy esperanzador; lo que le está ocurriendo tiene su origen, dicen, en ‘un fuerte ataque de ansiedad’, pero sin duda es más que eso, mucho más. Ponemos palabras a las cosas que nos suceden, pero para algunas cosas que nos suceden no es fácil poner palabras ¡Son tantas ahora mismo las cosas nuevas que están llegando a su vida...! Su conciencia se halla en un estado de gran apertura, a ratos ‘recibe’ incluso muchas más cosas de las que le gustaría, pero así le está viniendo todo y así lo está aceptando, con la máxima entereza y con la máxima sinceridad. Según sus propias palabras se trata “de la muerte a una vieja vida y el nacimiento a una nueva’. A muchos nos suena este proceso como ya conocido.

Es como si le estuvieran haciendo un nuevo traje, a medida.

Esto me dijo hace cuatro días por teléfono: “Ahora estoy comprendiendo de verdad la esencia de mamá. He comprendido más de ella desde que murió que cuando estaba en vida ¡Parece increíble! ¿De dónde vienen estas certidumbres? Ahora caigo cada día en la cuenta de las ‘calidades’ de ese Alma que en todo se derrama. Ella me habla en sueños, está presente en todo lo que hago, me protege, me habla y me acaricia el corazón… Ahora sé que tengo que hacer cambios en mi vida, ahora sé que voy a tener que afrontar todo aquello que no me atrevía a mirar de frente; pero estoy contento y voy a por ello firme, sereno y confiado…”

La foto es de mi hijo mayor, un día que se dejó enterrar en la arena de una playa.

14.7.08

UNA LÁGRIMA EN LA RAMBLA

“Mi madre estuvo serena y confiada hasta el último momento y así murió. Justo cuando moría, con los ojos cerrados, dejó caer una lágrima, una lágrima que resbalaba por su mejilla y que yo estoy segura que era una lágrima de completa felicidad; cuando en ese momento dejó de respirar, yo chupé esa lágrima y me la bebí llena de agradecimiento…

Así como mi madre me dio su leche cuando yo era niña, de la misma forma me dio de beber el agua de esa lágrima, que es la leche espiritual que nos hace comprender que la vida es eterna”.


Estas fueron las palabras de Lola, en la Rambla de Cataluña, en Barcelona, el 10 de julio de 2008, a las 22.30 de la noche, después de la presentación de Hermana Muerte en la librería Excellence.


La foto está tomada al día siguiente en Vallvidriera, a las afueras de Barcelona, mientras se ponía el sol en la casa del amigo Joaquín.

8.7.08

¿Y si hoy fuese el último día ?

Y si hoy fuese el último día de nuestra vida, ¿cómo lo viviríamos?
¿Seguiríamos detrás de todas esas ‘pistas falsas’, es decir el dinero, el egoísmo, el desamor?
Si hoy fuera nuestro último día del viaje por este planeta, ¿cómo transcurriría? ¿Decidiríamos ya de una vez en ir a la raíz de las cosas o seguiríamos en la superficie, como habitualmente hacemos?

Es muy posible que por fin ese último día fuese ya un día sin miedo, sin odio, sin rivalidad. Ese día arrancaríamos con los ojos las cosas al mirarlas. Ese día no sobraría nada. Ese día no faltaría nada. Todo estaría en su centro. Todo estará en su sitio.

Porque hoy es ese día. Todos los días son ese día. Todos los días son el último día.

La foto está hecha en Las Lagunas de San Miguel, en León, en una hermosísima tarde de invierno, cuando los suaves colores se juntan en la tierra y en el horizonte.

3.7.08

LAS ROSAS DE LA MADRE

Los rosales que plantó mi madre y que con tanto esmero fue trasladando de lugar en las sucesivas obras que tuvo la casa durante más de cincuenta años, ahora lucen en todo su esplendor… como la misma madre. Pero no siempre fue así. Esos rosales han sufrido mil aventuras, mil quebrantos; han pasado por todas las fases, han estado expuestos al sol más intenso, a los vientos más fuertes, a las nevadas, a las lluvias torrenciales, pero han sobrevivido. Podrían haber capitulado hace muchos años pero ahí están lozanos, espléndidos, regalando rosas y olor y color a todos los que deciden acercarse a contemplarlos.

Lo mismo pasa con nosotros, rosales de la vida, que hemos estado muchas veces a punto de claudicar, pero que aquí seguimos… ¡Esperanzados!

Dice el sabio Nisargadatta: “Cuando en tu vida estés pasando un momento de crisis, que no es más que un momento de transición, no hagas nada. Tienes que tener muy presente no hacer daño a nadie ni a ti mismo y todo irá encontrando su sitio…”

Y dice Jorge de Ortúzar en el último párrafo de ‘La luz dorada’ que “sólo conoce la plenitud el que aprende a renunciar y a despedirse, continuamente”.

La foto es de una de las rosas de mi madre, una fotografía tomada en el mes de noviembre de 2005. En ese momento estaba saliendo el sol después de haber nevado a primera hora de la mañana.