24.6.08

UN PÁJARO EN LA NOCHE


Primer día de verano.

Salgo de casa para ver dónde andan estos dos hijos y para decirles que ya es hora de cenar. A los pocos metros veo a un pequeño pájaro que, temblando, intenta esconderse detrás de una piedra. Lo tomo en mis manos y me lo llevo a casa. En ese momento recibo la visita de un amigo, gran amante de los animales. Al ver el pájaro y comprobar que está muy débil, lo envuelve en un suave papel y se lo mete en el bolsillo. A los pocos minutos llegan estos dos hijos. Este amigo les muestra el pájaro. Les cuenta que el pequeño animal está muy asustado y sin casi temperatura corporal, por lo que ha preferido envolverlo y meterlo en el bolsillo, un lugar con calor ‘asegurado’. Mientras cenamos, varias veces nos preguntamos cómo estará. Al terminar la cena comprobamos que ha muerto. Lo colocamos sobre un muro del patio para que durante la noche algún gato se lo lleve.

Las cosas han sucedido con una gran naturalidad y a la vez con una gran profundidad. Todo ha tenido el ritmo de un ritual sagrado.

Es una labor nuestra mostrar a los niños que este es un mundo de muerte, de muertos. Hay que decirles cuando salimos de viaje o de excursión que podemos morir, que pueden morir, hay que prepararlos, hemos de prepararnos. Deberíamos hablar con ellos cada día de la muerte, como hablamos de todo lo demás. Hemos de aprender a vivir al lado de la muerte, nuestra hermana. Y también hay que decirles que la muerte no necesita ningún duelo porque el que muere no se separa, solamente es su cuerpo el que se queda inerte. Hay que enseñarles a los niños que nos ponemos tristes porque imaginamos que hay muerte, cuando en realidad no la hay. El cuerpo se queda frío y esa persona o ese animal no respiran, pero el acontecimiento de la muerte es tan extraordinario que si lo comprendiéramos en profundidad nos daríamos cuenta de lo sagrado que es. Comprenderlo completamente nos haría estar henchidos de alegría y no estar nunca más tristes y apenados.

Nos ponemos tristes porque todavía no hemos aprendido. El día que nuestra visión cambie habrá cambiado algo muy importante.

Hay que enseñarles a los niños y a nosotros mismos que la vida es siempre completa y hermosa y que morir se puede convertir en una gran obra de arte.

La foto es de un pájaro que nos ha visitado esta misma tarde. Todavía no sabía volar bien. Lo hemos tenido unos minutos entre las manos y luego lo hemos lanzado a los tejados. A volar.

20.6.08

LA ESTELA DE SU LUZ

“Desde que él murió nunca nos ha faltado de nada, ni a mí ni a mis tres hijas. A la semana de su muerte yo firmé la hipoteca de la casa y pensé: ¿Cómo lo voy a pagar? Pues he podido, siempre he podido. Ha sido un milagro tras otro, un año tras otro. Luego, cuando las hijas han tenido que salir a estudiar fuera, también las cosas han ido llegando. Nunca he sentido pena ni tristeza. Vivo con una protección continua, permanente. Tengo la sensación de que siempre voy bajo la estela de su luz, de esa luz que ya está en todos y en todo”.

Este apunte está aportado por Estela, testigo vivo de ‘esa luz ’de los muertos, esa luz que de continuo nombramos pero que no acertamos a comprender del todo. Estas fueron sus palabras durante un breve encuentro, casual, de pocos más de dos minutos, hace unos días.

La foto es de una hoja de otoño acompañada de una de esas ‘luces’ que se ‘cuelan’ de vez en cuando en estas modernas cámaras.

17.6.08

Vender a otros la muerte


Alegato de Gervasio Sánchez en contra del comercio de armas.

Discurso pronunciado por Gervasio Sánchez (periodista y fotógrafo) durante la entrega de los premios Ortega y Gasset el 7 de mayo de 2008.
En el acto estaban presentes la vicepresidenta del gobierno, varias ministras y ministros, ex ministros del partido popular, la presidenta de la Comunidad de Madrid, el alcalde de Madrid, el presidente del senado y centenares de personas.


Estimados miembros del jurado, señoras y señores:


Es para mí un gran honor recibir el Premio Ortega y Gasset de Fotografía convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo.

Quiero dar las gracias a los responsables del Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.

No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto Vidas Minadas al que pertenece la fotografía premiada tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.

Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofía Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.

Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad.

Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad.

Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película ‘Cuentos de la luna pálida’ de Kenji Mizoguchi.

Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado.


Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luís Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.

Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.

Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos.


Pero como Martín Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.


Muchas gracias.

GERVASIO SÁNCHEZ

En la foto aparecen dos pistolas, de juguete, con las que a veces juegan mis hijos.

15.6.08

LOS SUEÑOS DE LA ABUELA

Mi abuela, la madre de mi padre, los últimos años de su vida, vivía ya en conexión completa con otra dimensión. Veía cosas. Oía cosas. En una película-documental titulada “Adiós, hasta luego (el cementerio viejo)” que tuve la suerte de poder hacer junto a Pilar San Pablo, una película que cuenta el traslado de los restos del cementerio viejo al nuevo cementerio en Villeza, el pueblo de León donde nací; pues en esta película como digo, dentro de una memorable secuencia, la abuela relata a la cámara lo que ha “visto y oído” los últimos años, la última temporada e incluso la última noche: “Sí, sí que hay gente por aquí, pero esos… como no hablan. Hay días que me levanto y veo todo el corral lleno de árboles. El otro día en la habitación había dos niños, dos niños pequeños, iban vestidos de blanco, su vestido era blanco. Yo no sé si son personas, no sé lo que son. Y hay una que está todos los días a los pies de la cama, esa no sé si es persona o no lo es porque nunca la he palpado… esa va de negro, viste de negro... ¡Y cuántas veces veo a alguien en ese sillón y voy a palpar y no palpo nada… yo no sé si es algo o es nada…! Pero esto que te cuento no es nada con lo que te podría contar…”

La línea divisoria entre eso que llamamos vida y eso otro que llamamos muerte no está tan clara, parece que no se trata de una puerta que se abre o un umbral que se cruza. La muerte no es tan sólo cuestión de unos segundos y ya está, en muchos casos se trata de un proceso mucho más difuso de lo que parece; se trata de un proceso amplio y nunca del todo ‘catalogado’. Hay personas que estando vivas hacen vida de muertas y al revés, hay personas que estando muertas hacen vida de vivas.

En el recuerdo de mi abuela Agripina, mujer-pájaro de la llanura.

Este apunte está dedicado a Celina, que también es invitada muchas veces a mirar en lo invisible.

La foto corresponde al rostro de esta abuela, de un fotograma de la citada película “Adiós, hasta luego (el cementerio viejo)”.

12.6.08

UNA CASA VACIA


Sábado 7 de junio de 2008. Astorga (León).

Un buen número de personas compartimos durante 5 horas ininterrumpidas un encuentro para hablar sobre diversos aspectos de ‘Hermana Muerte’. Nos reunimos en el Colegio Virgen de las Candelas bajo la tutela de la Madre Fiorina, una religiosa italiana con un rostro lleno de contagiosa alegría.

Al acabar el encuentro una joven mujer se acerca y me dice: “A mí se me murió en el vientre una criatura de cinco meses. Los médicos no me lo dejaron ver ni me dieron ese cuerpo. Pienso mucho en él. Me duele que lo hayan podido tirar a la basura…”

Me atrevo a decirle a esta joven madre: “Tengo una amiga médico que ha estado en muchas autopsias y en muchas necropsias; ella me ha dicho que siempre ha percibido con claridad que el cuerpo muerto es una casa vacía, que en él no hay nada que lo ‘habite’. En ese cuerpo alguna vez hubo algo, pero ahora 'eso' ya no está ahí. No estés preocupada por ese cuerpo, deja que se vaya…"

Nosotros no somos el cuerpo, ni somos nuestro trabajo, ni nuestra familia, ni nuestros hijos; no somos esa persona con la que nos hemos casado, ni ese novio o esa novia, ni esa amiga o ese amigo; nosotros no somos nuestro prestigio, ni nuestra cuenta corriente; tampoco somos la imagen pública que de nosotros mismos hemos fabricado. Ni somos la tristeza, ni la pena, ni las alegrías; tampoco somos los anhelos. Ni tan siquiera somos la conciencia. Entonces ¿qué somos? Somos la misma esencia de Eso que no se puede nombrar. Nuestro núcleo es puro Amor, siempre irradiando. Amor incondicional. Amor eterno.

La foto fue tomada una mañana de invierno junto a la antigua Casa de la Moneda de Segovia; muchas veces me he parado junto a una fuente que hay al lado a beber agua después de largos paseos por la Alameda, a escasos metros de donde está enterrado San Juan de la Cruz.

6.6.08

HOY VOY A HABLAR DE LA MADRE

Seas mujer o seas hombre

Si te sientes madre es porque has desarrollado dentro de ti la cualidad materna… seas mujer o seas hombre.

Seas mujer o seas hombre, si te declaras madre es porque la generosidad ha anidado en tu interior.

Madre es la que conoce el corazón de sus hijos.

Es madre la que está siempre alumbrando al mundo y a la vida palabras de luz y alegría.

Seas mujer o seas hombre.

La madre cuida de tu conciencia de niño.

Seas hombre o seas mujer.

La madre está siempre fluyendo con lo mejor de las cosas.

La madre nos despeja el miedo.

La madre nos habla de la muerte como algo amoroso que siempre nos acoge.

Si eres mujer o eres hombre.

Cuando estás dormido, la madre te despierta.

Si no puedes conciliar el suelo, la madre te ayuda a dormir.

Mujeres y hombres, podéis ser hermanos en la vida.

La madre es un cáliz donde vive custodiado el amor.

La madre es ése agua que corre por todos los ríos de la montaña de nuestro corazón.

Madre es el aire que vuela y nos refresca.

Madres nuestras.

Nosotros, nuestras madres.

Hombres y mujeres, vivid sin competir entre vosotros.

Porque la madre ha nacido para enseñar en el amor.

Eres mujer y eres hombre.

La pena y la tristeza siempre son trasmutados por la madre.

La madre es vida eterna que se ha hecho realidad ya aquí en la tierra.

La madre sabe que todos nuestros nombres

están grabados en el cielo.

Nuestros nombres.

En el cielo.

Donde ya no hay mujeres.

ni hay hombres.


La foto es el interior de una "flor-madre" de primavera.

En el primer aniversario de la

muerte y vida de mi madre.


2.6.08

MANERAS DE MORIR







Acaba de morir una persona del entorno en el que vivo. Todo el mundo lo conocía. Era dueño de una librería. Siempre nos asesoraba, nos aconsejaba y nos iba consiguiendo la mayoría de los libros que necesitábamos. Se ha suicidado. Es lógico el impacto que ha causado en todos nosotros. Yo estuve horas debatiéndome si era propio ir o no al tanatorio. Estaba en esas cuando, intentando detener el barullo de mis pensamientos, me dije: “Raúl, contacta con ese ser, adéntrate en el devenir de esa persona o lo que ya sea, y dialoga con él”. En silencio, mirando a través de una ventana el verde de la primavera, me adentré en ese territorio: “Todo está bien. No hay drama. No lo juzgues. Ahora ocúpate de los que se han quedado aquí…” Fueron las palabras que recibí en mi fuero interno, donde ese ser también habita. Al cabo de unos minutos hablo con un amigo que ha pasado por mi misma tesitura, si ir o no ir, pero que al final ha decidido venir también. Voy a reproducir nuestro diálogo en el coche, camino del tanatorio:

- Cuando teníamos diecisiete años no nos planteábamos estas cosas, simplemente nos parecía absurdo asistir a este tipo de actos, lo criticábamos, estábamos en contra y teníamos todas las razones para ello. Pero ahora es diferente.


- Estamos a punto de cumplir cincuenta años. Ahora ya la vida nos va enseñando algunas cosas. Estamos aprendiendo a agachar las orejas. Estamos aprendiendo a aceptar.


- Vamos aprendiendo que hay que venir a estos actos, simplemente para encontrarse con el dolor, verlo de lleno, atreverse a palparlo.

-
Y pringarse. Hay que pringar esta ropa elegante que llevamos; pringarla con las lágrimas de esa viuda, de esa madre, de esos hijos, de esos hermanos, de esos amigos. Es muy bonito quedarse en casa como si nada hubiera pasado, incluso haciéndose uno el interesante, que incluso los demás se den cuenta que uno no ha venido, porque es que uno tiene mucha categoría…

- Y lo que uno tiene es un ego que se lo pisa…

- ¿Pero de qué queremos huir?

- Siempre de nosotros mismos…

- Además pensamos que un suicidio es una muerte con un nivel más bajo que una muerte de otro tipo. Si este hombre hubiera sido asesinado no hubiéramos dudado ni un momento en venir.


- O si hubiera muerto repentinamente por causas naturales.


- Así es. Uno se suicida arrojándose a un tren y parece algo depravado, pero uno se encoleriza, eleva su presión arterial a 27, le da un infarto, y lo alabamos, siendo como es muy parecido… Vamos, que es lo mismo.


- Tenemos miedo del miedo.


- Miedo de nosotros mismos.

- Nos preocupa más nuestra imagen que el hecho en sí.

- Lo que nos da miedo es que se pueda destruir nuestra imagen.

- La imagen que tenemos de nosotros mismos es una completa falsedad.


- Un suicida compromete de repente todo el mundo de apariencias construidas, rompe de raíz con las suyas y pone en jaque todas las demás…

- Alguien que ha decidido suicidarse, alguien que ha decidido dar ese paso tan dramático y tan desesperado es porque se ha dado cuenta que ya no aguanta tanto dolor. Y es comprensible. Y ese dolor lo creamos entre todos.

- Si el suicidio ha sido puesto al alcance del ser humano es porque es lícito echar mano de él.

- El suicida hace un cierre dramático porque decide que se queda sin cuerpo, pero lo otro continúa. El proceso de transmutación sigue su curso… Si seguimos anclados a ese cuerpo que ya no está no conseguiremos avanzar, sin por el contrario contactamos con lo otro que vuela liberado de todo…

- Claro que el suicidio es una huida, por supuesto, pero ¡cuántas veces no huimos nosotros de todo, de todos y de nosotros mismos al cabo de un día! ¿Por qué no llevamos las cuentas de todas nuestras cobardías…?

Ya en el tanatorio, mezclados con toda la gente, embadurnados con todo el dolor, bañados en todas las lágrimas, comprendimos que sí, que era absolutamente necesario haber venido. Ese minuto de dolor que empañaste a ese familiar doliente, esas palabras que escuchaste y que vinieron hacia ti para tú las alojaras en tu corazón, eso vale ya la eternidad ¡Gracias por haberme y por habernos hecho caer en la cuenta, probablemente seas tú mismo, amigo al que le ha desaparecido el cuerpo!

De vuelta al coche continúa nuestro diálogo:

- Todo lo que no juzgamos, lo comprendemos.

- Yo comprendo ya esta muerte.

- Y yo también.

- Este hombre ha entregado su vida por nosotros.

- Para que comprendamos que lo importante es amar.

- Esta muerte es una sacudida a todas nuestras conciencias para que caigamos en la cuenta de lo que hemos venido a hacer aquí: a hermanarnos en amor permanente con nosotros mismos y con los demás.

- Ninguna vida se tira a la basura.

- El y nosotros somos la misma cosa. Intrínsecamente. El error es sentirlo separado de nosotros. Ahora tenemos que aprender a amarlo, aceptarlo y respetarlo de la forma que no supimos hacerlo en vida.

- ¿Va a seguir lloviendo?

- Es posible. De todas formas ¡qué bonito está todo!

- Ya lo creo. Fíjate en aquellas nubes… y mira estos árboles ¡cómo han crecido…!

- Mira esos ríos caudalosos que ahora bajan de las montañas…

En el amor permanente a Chema, que decidió que quería cambiar ya de dimensión; y al entrañable amigo Oscar, que sigue en ésta, y qué suerte tenerle cerca y disfrutar de su afecto y compañía.