30.4.08

Viaje a Nalda


Hace unos días hemos ido a un bonito pueblo de La Rioja llamado Nalda. Estuvimos allí en la presentación de esta Hermana Muerte. Siete horas de viaje. Setecientos kilómetros. Muchas alegrías en el corazón.

A la ida, querido Manuel que me has acompañado, mientras hablábamos de los anhelos de nuestros corazones, mientras conversábamos sobre este devenir inesperado y maravilloso que va a suponer ‘pasear’ a esta Hermana Muerte por tantos lugares y dándola a conocer cada vez a más personas… Pues suavemente, como sin querer, me hiciste conocer esta fascinante historia que ahora me atrevo a contar: Me hablaste de un hombre que tenía a su mujer en el lecho de muerte. El no sabía cómo darle el mejor consuelo para sus últimas horas. Entonces no se le ocurrió otra cosa que meterse con ella en la cama, abrazarla, y susurrarle al oído palabras de amor: “Te quiero. Vete tranquila, porque todo lo dejas en paz. La casa se queda llena de luz. Has sembrado siempre la semilla del amor en nuestros corazones. Yo ahora te abrazo para que te vayas serena, sosegada. Todo está cumplido. Todo está colmado de ti. Te entrego todo el amor que me dieron mis padres, el que siento por mis hijos, te doy en este momento todo el amor de todos los enamoramientos que hubo en mi vida, aquí tienes todo el amor de mis amigos, vivos y muertos…”

Manuel me dijo que ni siquiera el hombre llegó a pronunciar estas palabras. Se las enviaba con el pensamiento, a través de las emociones, por medio del corazón. Intentaba trasmitirle de forma telepática lo mejor de lo mejor, los mejores deseos, las mayores bendiciones…

¿Cómo creéis que habrá muerto esa persona? Sin duda, henchida de gozo.

Hermosa Suerte.

Hermana Muerte.

Un saludo muy cariñoso a los amigos de Nalda que nos recibieron con los brazos abiertos.

24.4.08

Dos breves cartas

Querido Raúl,

Primero leí el libro y ahora acabo de ver el vídeo.
Tengo que darte las gracias.
Tengo que decirte que, totalmente emocionada con las imágenes y las palabras, me has ayudado a darle una explicación a muchas de mis emociones sentidas a lo largo de mi vida, que no podía compartir con casi nadie.

Me he identificado en muchos momentos con lo que dices. De tal manera que, con lagrimas en los ojos, inmediatamente después de ver y oír el video, he ido automáticamente a una carpeta que tengo con escritos, a veces en forma de poesía, otras en papeluchos con ideas y sentimientos que se cruzan en mi cabeza y en mi ser, y he buscado en un cuaderno en el que escribí lo me salía a borbotones del corazón o de no se donde, mientras paseaba por una playa solitaria en Santander, al poco de morir mi padre.
En una de las estrofas, estoy diciendo lo mismo que dicen el libro y la película. Mi padre estaba allí en el viento que me daba en la cara, en el ruido y en la fuerza de las olas, en el color del mar.... y me inundaba y me llenaba de él, y volaba con las gaviotas...

Son demasiadas cosas para contarlas todas en un e-mail.

Te vuelvo a dar las gracias por compartir algo tan íntimo y a la vez tan universal.

Te mando un abrazo, algún día te llamaré.

Merche

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Hola de nuevo, Raúl.

Te escribo a los tres días de haberme encontrado con esta ‘Hermana Muerte’.
No dejo de tener ideas, sueños y emociones que tengo que "recolocar". Es que fue muy intenso porque en un solo día ‘me comí’ tu libro y el vídeo, lo que me provocó un torrente que, de momento, no ha cesado.

Lo estoy escribiendo. Seguro que algún día te lo contaré, cambiaremos impresiones.

Mientras tanto, necesito espacio mental, serenidad.

Un abrazo.

Merche

madreymiguel


video

18.4.08

Inés


Hoy ha sido la presentación de “Hermana Muerte” en León. El acto, programado inicialmente para que durara una hora, acaba durando casi tres. Al terminar se firman unos libros. La segunda persona que entra en el pequeño cuarto donde estoy sentado es una mujer alta, rubia, que aparenta tener algo más de cincuenta años. Tiene el semblante tranquilo, pero hay algo en ese rostro… ¿Qué es lo que hay en ese rostro? No lo sé. Nos miramos unos segundos sin hablarnos.

-Hola. Me llamo Inés. Hace seis años murió mi hijo –se le saltan las lágrimas-

-Cuéntame cómo fue esa muerte –le digo, mientras empiezo a escribir para dedicarle el libro-

-Estudiaba en Salamanca. Tenía 28 años. Estaba haciendo footing. Cayó de repente al suelo, fulminado.

-Cuéntame qué pasó la víspera –le digo mirándole de nuevo a los ojos; decido no seguir escribiendo la dedicatoria porque he de escuchar ahora a esta mujer con toda mi atención-.

-La víspera me llamó por teléfono y me dijo: “Mamá, solamente llamo para decirte que te quiero mucho. Te mando un beso muy fuerte”. Cuando al día siguiente me llamaron y me dijeron que mi hijo acababa de morir…

-Mira Inés, en la última página de Hermana Muerte, con el libro ya acabado, incluidos los agradecimientos, dice así: “Este libro se acabó de imprimir en Imprenta Taller Imagen de Segovia, el 11 de febrero de 2008, al mismo tiempo que muchos de nosotros caíamos en la cuenta de que la muerte no existe…”

-Así es… -dice llorando-

-Inés ¿de dónde sacas tú la fuerza para seguir viviendo cuando el ánimo te falla?

-De esa Luz en la que mi hijo está viviendo.

-¿No sientes que esa Luz te acompaña siempre?

-De día y de noche.

-Entonces, ahora voy a acabar de dedicarte el libro.

“Querida Inés: gracias por venir a visitarme en esta tarde lluviosa de primavera. A ti y a mí nos han hecho ya un regalo muy grande: tú hijo y mi madre nos han rasgado el velo. Avancemos ahora con otros hacia la comprensión de la hermana muerte. Se trata de una escalera muy grande que sube a las alturas, al final se ve LA LUZ”.


Con todo mi afecto.


En la foto, el abrazo que nos damos mi sobrino Darío y yo, y que tan bien supo captar el amigo Juan Carlos.

16.4.08

SEIS PREGUNTAS

Con motivo de la presentación en León de “Hermana Muerte (Gracias por venir a visitarme)”, una periodista muy atenta hizo llegar hace unos días las siguientes preguntas:

1.- ¿Qué te llevó a crear esta obra?

Cualquier muerte es especial, pero creo que la muerte de una madre lo es todavía más. Fueron todos los regalos espirituales que viví a su lado lo que me motivó para escribir este libro y hacer esta película. Esos regalos espirituales los recibí en compañía de mi padre y de mis tres hermanos, creo que yo solamente he sido al que le ‘adjudicaron’ la tarea de plasmarlo. Por eso mismo, cuando se habla de ‘mi’ libro y de ‘mí’ película siempre intento aclarar que ese libro y esa película son de la vida, creados por ella, regalados por la vida misma; hasta me da un poco de apuro pensar que este libro-DVD es una “obra” en el sentido clásico del término. Creo que más que mirarlo como obra artística, donde entran en danza esos juegos adulatorios hacia el artista-creador con los que no me identifico, se puede intentar ver como una herramienta de clara utilidad para las personas. Este libro y esta película han salido a la luz para que puedan servir de ayuda.

2.- El libro, ¿es una narración íntegramente real de la historia?

En ningún momento he añadido ficción. He huido de hacer literatura. Todo lo fueron dictando los hechos. Tengo amigos que están esperando desde hace muchos años que yo me ponga a hacer ficción ‘en serio’. Les diré a estos amigos que no eludo hacer ficción, pero que la vida me va llevando poco a poco por otros caminos. Esta experiencia vivida al lado de mi madre pedía ser retratada con la pureza del cristal más puro, sin ficción, sin metáforas, sin intermediarios. Decía el escritor Josep Pla que la ficción, las novelas, no son más que la literatura infantil de las personas mayores…

3.- ¿La película, ¿es fiel al libro?

La película y el libro se complementan. Se parecen en la esencia, pero las formas externas son diferentes. La película es luz que abraza. El libro está hecho de palabras que abren, que conversan, que consuelan.

4.- ¿Ha sido una vía para encauzar tus emociones y sentimientos?

Toda expresión cura. Todo lo que se saca fuera es sanador. Pero no es tanto lo que yo necesitaba expresar, como la responsabilidad que adquirí con mi madre y con la vida para contar que, aunque haya sufrimiento y dolor, se puede intentar ver la muerte con una nueva mirada. Hemos de ser capaces de regalarnos a nosotros mismos unos ojos nuevos. Hemos de ser capaces también de conmovernos al lado de esa persona que sufre y que está viviendo sus últimos meses de vida. Hemos de llegar sensibles a ese familiar, a ese amigo, hemos de saber llegar igual que esa hierba del campo que vibra sin cesar con el viento que la mece; hemos de llegar rotos al encuentro con esa persona, hemos de llegar abiertos, de par en par. Se trata de llegar como seres completamente humanizados, sin los miedos que crea la medicina, las religiones y nuestras propias ideas encorsetadas.

5.- ¿Se refleja en este trabajo algún aspecto positivo de la muerte?

En todo momento este libro-DVD destila esperanza. Soy consciente de que a algunos ‘intelectuales’ la palabra esperanza les produce acidez de estómago. Esta ‘Hermana Muerte’ pretende ser un bálsamo para tanta herida abierta –las primeras heridas que tuve de curar fueron las mías propias-.

También esto lo aprendí de mi madre: que la vida es siempre maravillosa, pase lo que pase. En la aceptación completa de todo lo que nos va ocurriendo se desvela el verdadero sentido de las cosas. Vivir la vida debería ser un acto total de agradecimiento. Cuando mi madre moría, en ese preciso momento, lanzó un profundo grito interior dirigido hacia las cuatro esquinas del universo; es como si en ese instante se hubiera oído un “¡Gracias!” majestuoso. Fue un ‘gracias’ atronador, inabarcable… Y todavía persiste.

6.- ¿Pueden las personas que no tienen ese punto de vista llegar a encontrarlo a través de esta obra?

Espero que sea así, aunque yo no intento convencer a nadie. Lo único que me ha interesado es hacer una propuesta, tender una mano, regalar un abrazo. Porque la muerte no viene a quitarnos nada, tan sólo viene a completar lo que aún le falta a nuestra vida. La muerte es la llave maestra que abre todas aquellas puertas que hasta ese momento teníamos cerradas.


Preguntas elaboradas por Tania López, de Europa Press. Respuestas encontradas por Raúl Rodríguez

Abril de 2008.


En la foto, detalle de un tapiz tejido por mi madre.


10.4.08

Inmortal

El 29 de diciembre de 1879, en un pueblo del sur de la India llamado Tirushuzhi, mientras sus paisanos acudían a festejar la festividad del nacimiento de Shiva, nació un niño que recibió el nombre de Venkataraman. Con el tiempo, este niño nacido en el solsticio de invierno sería para los indios Sri Ramana Maharshi (1879-1950), y para sus adeptos más fieles y devotos Bhagavân, el Señor. A los diecisiete años, ocurrió un suceso que marcaría para siempre la vida de Venkataraman y que el propio protagonista cuenta del modo siguiente: "Fue algo súbito. Estaba sentado solo en una habitación del primer piso de la casa de mi tía. Rara vez estaba enfermo y ese día me sentía con perfecta salud. De pronto, me sobrecogió un violento miedo a la muerte. Nada en el estado de mi salud justificaba este hecho, ni traté de hallar una explicación de mi inesperado temor. Sólo sentí: Voy a morirme. Y pensé qué podía hacer en esa situación. No se me ocurrió consultar al médico ni a mis parientes o amigos. Sentí que debía resolver el problema yo mismo, allí en ese momento. El choque del miedo a la muerte me provocó una intensa interiorización y me dije: "Ha llegado mi hora. ¿Qué significa esto? ¿Qué es lo que va a morir? Este cuerpo se muere. En seguida, dramaticé el suceso de la muerte. Yacía con los miembros extendidos, como si ya estuvieran agarrotados por el "rigor mortis". Imité incluso la posición de un cadáver para dar más realismo a mi indagación. Contuve el aliento y mantuve los labios fuertemente apretados, sin pronunciar una sola palabra, ni siquiera la palabra "yo". Me dije "Este cuerpo está muerto, será llevado al campo crematorio y reducido a cenizas. Pero ¿acaso estoy yo muerto? Estoy silencioso e inerte pero siento la fuerza de mi personalidad y hasta la voz del "yo" dentro de mí, como algo distinto de mí mismo. Por tanto soy un "atman" que trasciende al cuerpo. El cuerpo muere, pero el "atman" no puede ser tocado por la muerte. Eso significa que soy un "atman" inmortal". Todo esto no fue un mero pensamiento. Me atravesó como un rayo resplandeciente, con tan vívido fulgor como una verdad viviente que se percibe directamente, sin pensamientos. Toda la actividad consciente que se relacionaba con mi cuerpo estaba concentrada en aquel "yo" que era lo único real para mí. Aquel "yo" o "atman" centraba la atención sobre sí mismo con una poderosa fascinación. El temor a la muerte había desaparecido por completo. Desde aquel momento, la absorción en el "atman" prosiguió sin interrupción alguna durante toda mi existencia. Otros pensamientos aparecían y desaparecían como las notas de una melodía, pero aquel "yo" continuaba presente como la nota fundamental que subyace a todas las notas. Aunque el cuerpo se ocupara en charlar, leer o en cualquier otra cosa, la mente seguía siempre concentrada en el "yo" inmortal”.

(Día a día con Bhagavân. Prólogo, p. 11)

3.4.08

Con forma de hueso


Esto que se puede ver en la foto, que efectivamente tiene forma de hueso, es un objeto que usaba mi madre y que alguno de nosotros, cariñosamente, hemos dado en llamar “el ectoplasma”. Se trata de la agenda telefónica que ella diseñó y usó a lo largo de muchos años. Está hecha con la matriz de un bloc de recibos, que no es ni más ni menos que el taco prensado que queda después de haber arrancado los mismos. Hay que tener verdadera pericia de amanuense para escribir sobre este objeto y adentrarse con un bolígrafo en su interior. Parece un incunable o una reliquia, parece cuero, piedra, madera, materia orgánica… ¡Parece tantas cosas! ¡Y sin embargo era el instrumento con el que esta mujer se comunicaba…! ¡De él se ayudaba para llamar por teléfono!

Escribir donde parece imposible. Dejar huella donde sería improbable poder dejarla. Todos nosotros hemos venido a esta vida a conocer lo que no íbamos a conocer. Fascina el viaje por este planeta radiante y maravilloso, con sus formas, su luminoso decorado, sus inagotables sonidos, también su dolor, su pena y su sufrimiento, el otro lado de la polaridad. Es muy hermoso este vivir, escuchar el rumor de lo que acontece, asombro permanente ante la infinita belleza que hay en todas las cosas, fulgor de la Verdad


Los dos últimos meses de existencia de esta madre, cuando ya no casi no hablaba, las pocas cosas que llegó a decir tenían que ver con Internet. Sus comentarios, aparentemente caprichosos y casi inconexos, tenían que ver con saber si nosotros, sus hijos, sus nietos, estábamos conectados a Internet en ese momento… ¡Ella, que nunca usó un ordenador y que nunca dispuso de Internet en casa! Al hilo de sus palabras un día nos dio por pensar: ¿Qué es esto de Internet? ¿Una red planetaria de comunicación creada alrededor de la señal de la energía eléctrica? ¿Ondas de radio? No, no solamente. En el último tiempo de vida en su cuerpo físico, mi madre estaba conectada a esa red, a ese Internet del que ella hablaba, de eso no tenemos ninguna duda. Por eso podemos pensar que Internet es una rejilla global, no sólo planetaria, también intergaláctica, conectada seguramente con los confines del universo, suponiendo que el universo tenga confines. Internet es la plasmación física de la potencialidad infinita de expansión de las conciencias y de comunión de las almas. Internet tiene la misma trama interna que tiene el Amor: radiación pura expansiva, comunicativa, inclusiva, algo que tiende a abrazar todo lo creado. Esta tecnología es del Amor. Y no es tanto que los seres humanos hayamos ‘creado’ esta red llamada Internet, sino que más bien ‘hemos accedido’ a esa Gran Red que existe desde siempre: Banda Ancha Universal, Gran Canal por el que acceder a todos los contenidos de esa Sabiduría perenne que se manifiesta sin cesar.

¡Mamá, fíjate a dónde nos va llevando tu desgastada agenda telefónica… con forma de hueso…!